CUANDO TÚ CAMBIAS....
EL MUNDO CAMBIA ANTE TU MIRADA

PROCESO CMR

· . ¿Quieres un cambio en tu vida y no sabes por dónde empezar?

- ¿Te pasa que a pesar de haber hecho terapias, cursos, etc., te sientes estancado?

-¿Sientes que las situaciones te superan?

- ¿Te sientes cansado, estresado, sobrecargado, y no sabes cómo gestionar tus emociones?

- ¿Estás cansado de no poder ser tú mismo, de no saber poner límites?

- ¿Sientes que no te entienden, que no te valoran? Tus relaciones son conflictivas?

- ¿Tus miedos te limitan/paralizan a la hora de concretar tus proyectos?

Puedo ayudarte


TE ACOMPAÑO A LIBERAR TUS LIMITACIONES MEDIANTE HERRAMIENTAS SENCILLAS Y EFECTIVAS, PARA QUE PUEDAS VIVIR PLENAMENTE


martes, 1 de diciembre de 2015

La autocondena, el sufrimiento



Los sentimientos de desvalorización, confusión y falta de propósito son esperables en un chico que está siendo juzgado y condenado diariamente.   Para contrarrestar los efectos de esta programación, muchos de nosotros hemos creado una máscara de poder, eficiencia y sonrisas felices, y tratamos interminablemente de empujarnos, a nosotros mismos y a los demás, a creer que valemos cuando cumplimos aquello que se nos dijo que debíamos cumplir.

Esta programación detona en nosotros una resonancia de insatisfacción crónica, en la que siempre necesitamos que algo o alguien nos completen.
 Creemos que, si tenemos más dinero, un cuerpo diferente, un trabajo mejor, una relación de pareja mejor, una casa mejor o algo más, entonces nuestras vidas estarán completas.
Inconscientemente buscamos sin parar el éxito y la riqueza y a esa alma gemela que nunca llega. En resumidas cuentas, el mensaje es: “Soy defectuoso, lo que soy no es suficiente y algo falta en mi vida”.
 
El resultado es un profundo estado de vacío y desconexión de la vida, con una mezcla de miedo, ansiedad y frustración. Este estado incluso tiene un nombre aceptado en nuestra cultura: se llama estrés.
Una vez que aprendemos a autocondenarnos, vivimos en estrés.   Además, ahora somos parte de un antiguo ritual de nuestra cultura que consiste en buscar siempre lo que falta en nuestras vidas y desestimar lo que tenemos. Cada vez que elegimos tomar parte de este ritual, cambiamos el poder de la vida abundante por aquello que deberíamos o podríamos tener si las cosas hubieran sido diferentes. Esto crea un profundo estado de autotortura.

  Cada vez que juzgamos negativamente cualquier aspecto de nosotros mismos –nuestras cualidades mentales, nuestras actitudes emocionales o nuestra apariencia física– inmediatamente todo el sistema cuerpo-mente (que es esencialmente carga emocional positiva) se pone en estado de alerta”, porque le estamos diciendo que hay algo errado o equivocado.   Simultáneamente, todo el sistema empieza a buscar en su banco de datos –la memoria celular– algo del pasado que sintonice con el error del que acaban de hacerlo responsable. Estos defectos pueden ser recuerdos de esta vida o información genética antigua, que a veces se remonta a incontables generaciones.
  Cuando, a través de este barrido”, se encuentra esa información, ésta es “resucitada”, “revivida”, y trda al presente como evidencia de que es cierto que hay algo errado en mí”.


  La curación es un proceso natural automático, así que, cuando se da una cierta vibración, se espera el apoyo del resto del sistema, especialmente de la mente racional, puesto que es ella la que habitualmente toma las decisiones.
 Sin embargo, en nuestra civilización, la mente no está preparada para tratar con memorias celulares o ancestrales, porque su programación no tiene información al respecto.

En ntesis, cada vez que te dices que hay algo equivocado en ti, estás creando la posibilidad de que la enfermedad o la infelicidad sean resucitadas” de los archivos atávicos.

 Este auto-juicio negativo es un lento suicidio, como afirma claramente Lynn Grabhorn en su libro Excuse Me, Your Life is Waiting (Disculpe, su vida lo está aguardando):

  La autocondenación, cualquiera que sea su forma, es un lugar cómodo para estar cuando no queremos tomar ninguna responsabilidad sobre nuestra vida. Podemos meditar, cantar, utilizar cristales e incienso, hacer ejercicios especiales, utilizar afirmaciones que proclaman nuestra eterna divinidad; sin embargo, mientras nos juzguemos a nosotros mismos, el poder interno y la liberación serán nada más que palabras. No hay ninguna manifestación o deseo que se pueda llegar a cumplir mientras estés en estado de desaprobación de ti mismo. Ninguna abundancia, bienestar interno ni buena salud, y muy poca alegría podrás esperar”.


Sanación- transformación

El dolor puede ser nuestro guía y maestro. A través de las experiencias de dolor, algo de lo más profundo de nosotros puede abrirse paso hasta nuestra conciencia y brillar. El dolor puede ser nuestro aliado, nuestro guía y maestro.
Cuando es experimentado de manera consciente es, paradójicamente, el portal que da a la liberación del sufrimiento.
El dolor que es vivido conscientemente nos conduce a un lugar que es como nuestro hogar, como si estuviéramos “de vuelta en casa”. La mayor parte de la humanidad vive en un estado de sufrimiento inconsciente que en su mayor parte es artificial.



Sabios y maestros espirituales de todos los tiempos han dicho que este estado es como un ensueño, una fantasía o un producto de la imaginación. En el hinduismo, por ejemplo, se dio el nombre de maya a esa “obra de teatro”, creada por los dioses, que es el mundo, sólo el escenario de un juego divino.
Pero, más allá del nombre que le demos, es un estado del ser desde donde hacemos lo imposible para ser diferentes de lo que somos en realidad.

Así vivimos nuestras vidas, profundamente identificados con lo que no es verdad, como presas de un trance hiptico o un conjuro. Y es posible que permanezcamos en ese estado hasta el final de nuestra vida. De hecho, la mayoría de la humanidad así lo hace.

Ejercicio

  Tómate un momento para apreciar la diferencia entre el estado de ensueño y el estar aquí y ahora.

Respira profundo. Siente tu cuerpo… ¿Cómo lo sientes?
¿Qué sensaciones experimentas y dónde?
¿En qué lugar de tu cuerpo hay relajación, y en qué lugar, tensión?
(Si experimentas calma, siente si es calma real o si es adormecimiento.) Siente tu respiración.

* Ahora, mientras parte de tu atención está puesta en las sensaciones de tu cuerpo –tu espacio interno– empieza a reconocer poco a poco el espacio exterior.

* ¿Qué está pasando exactamente ahora dentro de tu cuerpo y fuera de él? Captura estas percepciones, obsérvalas por un momento y siéntelas. Respira.

Éste es el comienzo del estado de presencia.


Transformar el dolor

Cuando uno empieza a saber cómo transformar el dolor, lo que era un estorboempieza a convertirse en un regalo. El dolor físico, la tristeza, el enojo y el temor se transforman en oportunidades de sanarnos y acceder a nuestrpotencial verdadero. Esto nos da la posibilidad de despertar a un concepto más profundo de nuestro ser interno, el cual, paradójicamente quizás, necesitaba no estar del todo sano o no ser feliz para emerger con toda su elocuencia.

Para transformar el dolor necesitamos sentir en el momento la incomodidad presente en nosotros. Eso se consigue sumergiéndose en ella, en lugar de luchar para alejarla.
Tenemos que zambullirnos hacia el centro de la incomodidad con toda nuestra presencia y toda nuestra atención. Ir hacia lo más profundo de la incomodidad sin analizar o interpretar de dónde viene, por qviene o cuál es la razón de su existencia. Es sintiéndola y atravesándola como podemos sanar...
   Memoria de las Celulas- Luis Diaz


Te acompaño…..consultas Presenciales y por Skype
                        

Juana Ma. Martínez Camacho

Terapeuta Transpersonal
(Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)
Especialista en Bioneuroemoción
(Instituto Español de Bioneuroemoción)
Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
(Cellular Memory Release)

www.centroelim.org

Telf. 653-936-074


domingo, 15 de noviembre de 2015

Emociones- Sentimientos



EMOCIONES (Myriam E. Muñoz Polit)

Todas las emociones son, en esencia, impulsos que nos llevan a actuar, programas de reacción automática con los que nos ha dotado la evolución. La misma raíz etimológica de la palabra emoción proviene del verbo latino movere (que significa «moverse») más el prefijo «e-», significando algo así como «movimiento hacia» y sugiriendo, de ese modo, que en toda emoción hay implícita una tendencia a la acción.

Es la reacción más primaria y espontánea ante lo que ocurre en el entorno. Genéticamente venimos equipados con ellas, es la reacción psicológica más elemental que busca la supervivencia por encima de todo. En este sentido compartimos las mismas emociones con los demás mamíferos de este planeta.
 Basta con observar a los niños o a los animales para darnos cuenta de que las emociones conducen a la acción; es sólo en el mundo «civilizado» de los adultos en donde nos encontramos con esa extraña anomalía del reino animal en la que las emociones —los impulsos básicos que nos incitan a actuar— parecen hallarse divorciadas de las reacciones.

Las emociones son estructuras funcionales netamente diferenciadas, dan información sobre el estado de la relación organismo-entorno.
La emoción es una reacción espontánea del organismo, por lo mismo es amoral.
No podemos dejar de sentir lo que sentimos, ni de necesitar lo que necesitamos. Lo que si podemos hacer es ejercer nuestra libertad en la elección de lo que queremos hacer con ello.
 Es también la evaluación de la situación por parte del organismo, que sirve de fundamento para los mecanismos básicos de la regulación de la vida, y que está fundamentalmente al servicio de la supervivencia.

 Las características más importantes de la emoción son:

1. Precede al sentimiento y depende de las sensaciones y las percepciones.
2. Es la parte del sentir del proceso emocional, que se hace pública en acciones o movimientos y se pueden ver en conductas específicas de tipo no verbal.
3. Suele ser intensa pero corta en duración.
4. Es el resultado de la evaluación de la situación por parte del organismo.
5. Está al servicio de la supervivencia.
 6. Cada una de las emociones primarias tiene un objetivo específico de supervivencia.

Las emociones básicas son:

Emociones              Objetivo de superviviencia    
 Miedo:                       Protección
 Enojo:                       Vinculación
 Tristeza:                    Retiro hacia si mismo      
 Alegría:                      Defensa 
 Afecto:                       Vivificación 


La distinta impronta biológica propia de cada emoción evidencia que cada una de ellas desempeña un papel único en nuestro repertorio emocional. La aparición de nuevos métodos para profundizar en el estudio del cuerpo y del cerebro confirma cada vez con mayor detalle la forma en que cada emoción predispone al cuerpo a un tipo diferente de respuesta,  tienen como propósito que la persona busque sobrevivir en un ambiente que puede ser más o menos hostil y no ponga en riesgo la vida.

 El enojo aumenta el flujo sanguíneo a las manos, haciendo más fácil empuñar un arma o golpear a un enemigo; también aumenta el ritmo cardiaco y la tasa de hormonas que, como la adrenalina, generan la cantidad de energía necesaria para acometer acciones vigorosas, emerge cuando tenemos que defendernos de la invasión “de afuera”, implica un ir contra pero el ataque es una estrategia de defensa.

En el caso del miedo, la sangre se retira del rostro (lo que explica la palidez y la sensación de «quedarse frío») y fluye a la musculatura esquelética larga —como las piernas, por ejemplo- favoreciendo así la huida. Al mismo tiempo, el cuerpo parece paralizarse, aunque sólo sea un instante, para calibrar, tal vez, si el hecho de ocultarse pudiera ser una respuesta más adecuada. Las conexiones nerviosas de los centros emocionales del cerebro desencadenan también una respuesta hormonal que pone al cuerpo en estado de alerta general, sumiéndolo en la inquietud y predisponiéndolo para la acción, mientras la atención se fija en la amenaza inmediata con el fin de evaluar la respuesta más apropiada. El miedo surge cuando necesitamos protegernos de algo que nos parece amenazante y la reacción más inmediata es la de huir de ese algo.

Uno de los principales cambios biológicos producidos por la felicidad/alegría consiste en el aumento en la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos negativos y de aquietar los estados que generan preocupación, al mismo tiempo que aumenta el caudal de energía disponible. En este caso no hay un cambio fisiológico especial salvo, quizás, una sensación de tranquilidad que hace que el cuerpo se recupere más rápidamente de la excitación biológica provocada por las emociones perturbadoras. Esta condición proporciona al cuerpo un reposo, un entusiasmo y una disponibilidad para afrontar cualquier tarea que se esté llevando a cabo y fomentar también, de este modo, la consecución de una amplia variedad de objetivos. La alegría aparece cuando estamos en proceso de satisfacer alguna necesidad y cuando ésta ha quedado satisfecha, nos hace sentirnos vitales, energéticos, cargados de endorfinas.


 El amor, los sentimientos de ternura y la satisfacción sexual activan el sistema nervioso parasimpático (el opuesto fisiológico de la respuesta de «lucha-o-huida» propia del miedo y de la ira). La pauta de reacción parasimpática —ligada a la «respuesta de relajación»— engloba un amplio conjunto de reacciones que implican a todo el cuerpo y que dan lugar a un estado de calma y satisfacción que favorece la convivencia. El afecto a nivel emocional surge cuando existe la percepción de que ciertas cosas en el ambiente nos van a dar lo que necesitamos; la primera reacción es ir hacia, sentirnos atraídos.

 El arqueo de las cejas que aparece en los momentos de sorpresa aumenta el campo visual y permite que penetre más luz en la retina, lo cual nos proporciona más información sobre el acontecimiento inesperado, facilitando así el descubrimiento de lo que realmente ocurre y permitiendo elaborar, en consecuencia, el plan de acción más adecuado.

El gesto que expresa desagrado parece ser universal y transmite el mensaje de que algo resulta literal o metafóricamente repulsivo para el gusto o para el olfato.

 La expresión facial de disgusto —ladeando el labio superior y frunciendo ligeramente la nariz— sugiere, como observaba Darwin, un intento primordial de cerrar las fosas nasales para evitar un olor nauseabundo o para expulsar un alimento tóxico.

La principal función de la tristeza consiste en ayudarnos a asimilar una pérdida irreparable (como la muerte de un ser querido o un gran desengaño).
Aparece cuando un aspecto en el entorno no ha resultado como deseábamos, nos desilusiona y preferimos alejarnos retirándonos hacia nosotros mismos.
 La tristeza provoca la disminución de la energía y del entusiasmo por las actividades vitales —especialmente las diversiones y los placeres— y, cuanto más se profundiza y se acerca a la depresión, más se enlentece el metabolismo corporal. Este encierro introspectivo nos brinda así la oportunidad de llorar una pérdida o una esperanza frustrada, sopesar sus consecuencias y planificar, cuando la energía retorna, un nuevo comienzo. Esta disminución de la energía debe haber mantenido tristes y apesadumbrados a los primitivos seres humanos en las proximidades de su hábitat, donde más seguros se encontraban.

Estas predisposiciones biológicas a la acción son modeladas posteriormente por nuestras experiencias vitales y por el medio cultural en que nos ha tocado vivir. La pérdida de un ser querido por ejemplo, provoca universalmente tristeza y aflicción, pero la forma en que expresamos esa aflicción -el tipo de emociones que expresamos o que guardamos en la intimidad— es moldeada por nuestra cultura, como también lo es, por ejemplo, el tipo concreto de personas que entran en la categoría de «seres queridos» y que, por tanto, deben ser llorados.


El largo período evolutivo durante el cual fueron moldeándose estas respuestas fue, sin duda, el más crudo que ha experimentado la especie humana desde la aurora de la historia. Fue un tiempo en el que muy pocos niños lograban sobrevivir a la infancia, un tiempo en el que menos adultos todavía llegaban a cumplir los treinta años, un tiempo en el que los depredadores podían atacar en cualquier momento, un tiempo, en suma, en el que la supervivencia o la muerte por inanición dependían del umbral impuesto por la alternancia entre sequías e inundaciones.

Con la invención de la agricultura, no obstante, las probabilidades de supervivencia aumentaron radicalmente aun en las sociedades humanas más rudimentarias.
En los últimos diez mil años, estos avances se han consolidado y difundido por todo el mundo al mismo tiempo que las brutales presiones que pesaban sobre la especie humana han disminuido considerablemente.

Estas mismas presiones son las que terminaron convirtiendo a nuestras respuestas emocionales en un eficaz instrumento de supervivencia pero, en la medida en que han ido desapareciendo, nuestro repertorio emocional ha ido quedando obsoleto. Si bien, en un pasado remoto, un ataque de rabia podía suponer la diferencia entre la vida y la muerte, la facilidad con la que, hoy en día, un niño de trece años puede acceder a una amplia gama de armas de fuego ha terminado convirtiendo a la rabia en una reacción frecuentemente desastrosa.
Las emociones se pueden convertir en los cinco sentimientos básicos y sus distintos derivados.


SENTIMIENTOS

Es la elaboración y representación cognitiva de cualquiera de las siguientes experiencias: la sensación, la emoción, las percepciones, los recuerdos y los pensamientos. Los sentimientos son una elaboración humana que se ha hecho para facilitar el descubrimiento de necesidades psicológicas y necesidades de trascendencia. Promueven el desarrollo, implican un proceso más sofisticado que la emoción.

Siempre estamos sintiendo pero no siempre el sentimiento hace “figura”, es decir, puede permanecer en el “fondo” de nuestra percepción por largos períodos.

Las características más importantes del sentimiento son:

1. Ocurre posteriormente a las sensaciones y a la emoción.
 2. Es la parte del sentir del proceso emocional que se hace privada.
3. Contribuye a la regulación de la vida, está más al servicio del desarrollo que de la supervivencia.
4. Es una elaboración más compleja, de tipo cognitivo, con la cuál significamos la experiencia emocional.
 5. Suele ser poco intensa pero de una duración mayor que la emoción.


Diferencias entre Emoción y Sentimiento

Emoción                                          Sentimiento
Precede al sentimiento                   Es posterior a la emoción
Puede ser observada por otros      No es fácil ser observado 
Intensa                                                Menos intenso
De corta duración                             De mas larga duración
Resultado de la evaluación             Implica una elaboración y 
  organísmica de la situación            representación  cognitiva
Fundamentalmente al servicio       Al servicio del desarrollo
  de la supervivencia                            


Cuando hay una elaboración cognitiva de la experiencia emocional surgen los sentimientos; siguiendo la lógica de lo que hemos explicado hasta el momento, las cinco emociones se convertirán en los cinco sentimientos básicos al haber una significación cognitiva de las mismas. Pero sabemos que en nuestro lenguaje usamos mucho más que esas cinco palabras para nombrar nuestros sentimientos, por lo que podemos clasificarlos de la siguiente manera:

Clasificación de los sentimientos

Una primera clasificación tiene que ver con los resultados al experimentarlos, entonces hay dos grandes tipos de sentimientos: los de desarrollo y los de deterioro.

Los sentimientos de desarrollo tienen las siguientes características:

·         Favorecen el desarrollo del potencial humano
·         Son constructivos.
·         Impulsan hacia la corriente del fluido vital.
·         Mantienen un equilibrio entre las tendencias hacia la novedad y hacia
   la seguridad.

Por otro lado los sentimientos de deterioro se caracterizan por:

·         Van en detrimento de la estima y valoración de la persona
·         Son el producto de experiencias traumáticas
·         Promueven involución
·         Entorpecen y bloquean el fluido vital
·         En ellos se expresa una polarización entre la tendencia hacia la
   novedad y hacia la seguridad
·         Lanzan a experiencias muy riesgosas o muy paralizantes
SENTIMIENTOS DE DESARROLLO:

Miedo: alarma- alteración- angustia existencial- asombro- confusión- desorientación- duda- inquietud- miedo- preocupación- recelo- reserva- temor- vacilación- vulnerabilidad-

Afecto: aceptación- acompañamiento- admiración- afecto- agradecimiento- amabilidad- amor- apoyo- aprobación- armonía- atracción- benevolencia- bondad- cercanía- compasión- comprensión- compromiso- condescendencia- cuidado- dignidad- empatía- estima- fervor- generosidad- honestidad- paciencia- pertenencia- respeto- simpatía- solidaridad- ternura- tolerancia- unidad- valoración-

Tristeza: aflicción- arrepentimiento- congoja- decepción- desencanto- nostalgia- tristeza

Enojo: agravio- agresión- alteración- disgusto- enfado- enojo- fastidio- frustración- furia- inconformidad- molestia

Alegría: alegría- armonía- contento- dicha- encanto- entusiasmo- esperanza- exaltación- felicidad- gozo- jubilo- optimismo- paz- plenitud- serenidad- sosiego- tranquilidad- unidad-



SENTIMIENTOS DE DETERIORO

Miedo: angustia disfuncional- desconfianza- desprotección- desvalimiento- espanto- fragilidad- inseguridad- pánico- pavor- persecución

Afecto: dependencia- desconsideración- sumisión- vergüenza

Tristeza: abandono- abatimiento- amargura- ausencia- depresión- desaliento- desamparo- desconfianza- desconsideración- desconsuelo- desdicha- desilusión- desmotivación- desolación- desvalimiento- desventura- devaluación- engaño- enjuiciamiento- incapacidad- incomprensión- incongruencia- inferioridad- injusticia- inseguridad- insuficiencia- melancolía- resignación

Enojo: abuso- cólera- hastío- hostilidad- humillación- impaciencia- impotencia- injusticia- intolerancia- ira- lastima- menosprecio- odio- omnipotencia- rechazo- rencor- resentimiento- venganza

Alegría: euforia- frenesí

En ambas listas hemos puesto los sentimientos que provienen del miedo y que son una forma más elaborada del mismo, e igualmente hemos hecho con los otros sentimientos. Es interesante observar que los sentimientos que tienen que ver con el afecto y la alegría son los que promueven más el desarrollo; en contraposición los que generan más deterioro tienen que ver con un mal manejo de la tristeza y el enojo.


En general, podemos afirmar que un sentimiento será de deterioro cuando la reacción sea exagerada con respecto al evento en donde se produjo. Pero esto no ocurre de manera gratuita, generalmente cuando un sentimiento se exagera es porque existe algún otro que se está intentando no sentir; tendemos a exagerar los sentimientos que nos resultan más fáciles y a disminuir aquellos que, por nuestra historia y experiencia pasada, han sido mal vistos o amenazantes de cierto modo. Podemos entonces, hacer una nueva clasificación de los sentimientos de acuerdo con su expresión, proporcionada o desproporcionada al estímulo en donde surgió.

Sentimientos Exagerados
Se manifiestan desproporcionados al estímulo que los provocó y aparecen con una frecuencia muy constante sin mucha relación con las circunstancias. Normalmente son aquellos que nos son fáciles de sentir y expresar.

Sentimientos disminuidos
Son aquellos que preferimos sentir menos frecuente e intensamente. Son poco sentidos y en circunstancias donde corresponderían casi nunca aparecen; se sienten poco o nada y se evaden permanentemente, debido a que por nuestra historia nos parecen amenazantes o impropios. Aparecen de forma velada en reacciones desproporcionadas de otros sentimientos o como somatización.

 Sentimientos proporcionados

 Se sienten con libertad y su expresión es proporcional al estímulo que los generó, van de acuerdo con la percepción que tiene la persona de las circunstancias. Los sentimientos exagerados son comúnmente de deterioro, al igual que los disminuidos, mientras que los proporcionados estarán en la lista de sentimientos de desarrollo.


No hay formas mejores o peores de expresar las emociones; factores como el temperamento, la cultura y el medio ambiente, van propiciando o limitando su expresión; lo fundamental es sentir plenamente lo que  ocurre a nivel de sensación, emoción y sentimiento, la expresión es un asunto secundario e idiosincrático.

Lo peor que podemos hacer es negar lo que sentimos y lo que necesitamos, tarde o temprano pagamos, a nivel físico y psicológico, las consecuencias; tampoco es deseable una vida invadida por una emocionalidad descontrolada, pues ésta también es producto de negación y represión.


No puede haber comportamiento ético si la emoción se bloquea, ésta nos permite tener noción de la existencia del otro; la emoción nos da pistas, a veces muy certeras, de lo que ocurre en relación con el entorno, de lo que realmente queremos a nivel total de nuestro ser. Intentar disminuir o quitar la emoción es condenarnos a perder nuestra humanidad.
                                                                  
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