CUANDO TÚ CAMBIAS....
EL MUNDO CAMBIA ANTE TU MIRADA

PROCESO CMR

· . ¿Quieres un cambio en tu vida y no sabes por dónde empezar?

- ¿Te pasa que a pesar de haber hecho terapias, cursos, etc., te sientes estancado?

-¿Sientes que las situaciones te superan?

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viernes, 25 de marzo de 2016

Cómo cambiar nuestra percepción en las relaciones y aprender a cubrir nuestras necesidades?


Todos tenemos un tema "dramático principal" en nuestra vida. Este tema que se repite una y otra vez desde que abandonamos la infancia. En general, este tema permanece oculto para nosotros hasta que tenemos la suficiente conciencia como para verlo y hacer algo al respecto. Y en este tema se halla involucrada nuestra definición inconsciente del amor, que quedó impresa en nuestro cuerpo emocional a través de la relación que mantuvimos con nuestros padres y de la observación del tipo de relación que ellos mantenían entre sí.

Pero ésta no es nuestra definición adulta del amor; es la definición errónea del amor que aprendió nuestro yo infantil, una definición que se impone implacablemente en nuestra vida adulta en contra, al parecer, de nuestras mejores intenciones.
 Nuestra definición inconsciente del amor se filtra en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida adulta, pero se revela con más claridad en lo referente a nuestras relaciones íntimas.

El examen de los resultados de nuestras relaciones íntimas fracasadas revelará efectivamente cuál es nuestra definición inconsciente del amor,  pues nuestro deseo de amor y nuestro deseo de intimidad van de la mano.
Si nuestras relaciones íntimas primarias (aquellas que tuvimos con nuestros padres) fueron problemáticas, este hecho quedará claramente reflejado en las relaciones íntimas que tengamos con nuestras parejas. Esta definición inconsciente del amor tomará un aspecto diferente en cada uno de nosotros, pero los mecanismos mediante los cuales se manifestará serán idénticos.

Nuestra definición inconsciente del amor es la señal emocional que experimentamos en nuestra infancia cuando pedíamos amor. Por tanto, es la señal emocional que recreamos inconscientemente en nuestra experiencia vital cada vez que sentimos la necesidad de ser amados o cada vez que intentamos mostrar nuestro amor a «otra» persona concreta.
Al principio, antes de  ver este patrón dentro de nosotros mismos, lo vemos con claridad en los demás.
Cada vez que intentamos mantener una relación amorosa, tenemos la impresión de que el «otro» termina comportándose con nosotros de forma «poco amorosa». Nuestro patrón negativo personal se revelará en las «condiciones» que el «otro» nos dicta. Pero lo que conviene no olvidar es que nuestra definición inconsciente del amor no se revela en el modo en el que comienzan nuestras relaciones íntimas, sino en el modo en que terminan. Este patrón se hace evidente siempre en el resultado de nuestros intentos por experimentar amor. Si nuestras relaciones no terminan, no se rompen,  este patrón se revelará en la forma en que la relación se hace agria.

Lo que se pone en juego es el efecto espejo. La persona que nos rompe el corazón es «el mensajero», y el modo en que reaccionamos ante esta experiencia contiene los detalles de «el mensaje».
Nuestro miedo no nos permite mirarnos a nosotros mismos, ya que nuestra ira nos lleva a reaccionar ante nuestros propios reflejos en el mundo con culpabilizaciones y venganzas.


Pero, por debajo de todo esto, lo que hay es una profunda sensación de pérdida. Ése es nuestro dolor, nuestro pesar.
Para un niño no existe mayor causa de pesar que la de abrirse a la experiencia del amor incondicional y, en lugar de ello, recibir heridas (o rechazo, o incluso humillaciones). Y este dolor se intensifica cuando el niño entra en la fase adulta de su vida y repite una y otra vez su desagradable experiencia.

Entonces, ¿cómo podemos terminar de una vez por todas con este doloroso ciclo inconsciente?
Formulándonos las siguientes preguntas con sinceridad, y dejando que nuestra presencia interior nos revele las respuestas, llevaremos a cabo un cambio perceptivo que desactivará este recurrente patrón negativo.


Los 5 pasos para iniciar este cambio de percepción en las relaciones: 

 Primer paso: ¿Cómo termina siempre el asunto?

 El primer paso consiste en identificar cuál es nuestra definición inconsciente del amor. Y esto es sencillo de hacer. Nos preguntamos de qué modo terminan siempre, o se amargan, nuestras relaciones íntimas. Existen tres maneras de llevar a cabo este paso: 

1. Describiendo lo que ocurre cuando nuestras relaciones íntimas terminan o se agrian, comenzando con la palabra «nosotros»: «Nosotros siempre terminamos...».

2. Describiendo lo que ocurre cuando nuestras relaciones íntimas terminan o se agrian, comenzando con la palabra «yo»: «Yo siempre termino...».

3. Describiendo lo que ocurre cuando nuestras relaciones íntimas terminan o se agrian, comenzando con la palabra «ellos»: «Ellos siempre terminan...». 
El objetivo del primer paso es el de obtener una palabra o una frase que describa el común denominador del modo en que todas nuestras relaciones íntimas suelen terminar o agriarse.

En un principio, puede parecer que las circunstancias de cada caso son diferentes, pero aquí es donde interviene el segundo paso, ayudándonos a aclarar lo que está ocurriendo realmente.


Segundo paso: ¿Cómo me siento?

El segundo paso exige que alejemos el foco de atención de las circunstancias físicas que envolvieron el modo en que terminaron o se agriaron nuestras relaciones íntimas. Tenemos que apartar nuestra atención del comportamiento físico tanto de nuestras parejas como de nosotros mismos. Hasta hace poco, las circunstancias físicas de nuestra relación constituían el centro de nuestra atención, y bien puede ser ésta la razón por la cual tenemos la impresión de que nuestras distintas relaciones han tenido resultados diferentes. Lo que tenemos que hacer ahora es poner nuestra atención en cómo nos sentíamos cuando finalizó cada una de esas relaciones.

En otras palabras, ¿qué naturaleza tenía nuestro contenido emocional? ¿Qué sabor emocional nos dejó en la boca? Para descubrir esto, tenemos que completar la siguiente frase: 
«Cada vez que se rompe una de mis relaciones íntimas, me quedo con una sensación de...».
¿Nos sentimos abandonados, ultrajados, traicionados, despreciados o...? Si nos esforzamos por encontrar esa palabra o frase que nos resuene, podremos ver de nuevo de qué modo nos trató nuestra pareja para que no quisiéramos seguir adelante con la relación. O de qué modo nos comportamos nosotros que llevó a nuestra pareja a dejar de comportarse cariñosamente con nosotros. Después, podremos ver más allá del comportamiento físico para adentrarnos en el contenido emocional del resultado. Tenemos que encontrar la señal emocional subyacente a la experiencia desagradable.

El objetivo del segundo paso es encontrar una palabra o una frase que describa el resultado emocional negativo común de nuestros intentos fracasados por mantener una relación íntima. Esta señal emocional común es la clave que nos permitirá descubrir el tema básico acerca del modo en que terminan nuestras relaciones íntimas. Y este tema será «nuestro patrón negativo», y este patrón será nuestra definición inconsciente del amor. También será la motivación inconsciente que hay tras el drama que manifestamos en otros muchos aspectos de nuestra experiencia vital.

Por ejemplo, quizás nos percatemos de que, cuando nuestras relaciones íntimas se rompen, nos sentimos “abandonados”. Esto nos dice que, desde nuestra más tierna infancia, hemos equiparado el “ser abandonados con el ser amados”.
Dicho de otro modo, durante nuestra infancia sufrimos una potente experiencia de abandono en un momento en que necesitábamos realmente sentirnos amados. Y sabremos que esto es así si nuestras relaciones íntimas comienzan con romance y con flores, pero terminan dejándonos con una intensa sensación de abandono. Esto será así, evidentemente, si nuestro patrón particular es de abandono.
 Pero nuestro patrón o tema bien puede ser de abusos físicos o insultos, de traición, de decepción, etc. También puede que tengamos numerosas subdefiniciones de lo que pensamos inconscientemente que es el amor, pero siempre habrá un tema principal.
Sabremos si hemos identificado acertadamente nuestra definición inconsciente del amor cuando demos el siguiente paso.


Tercer paso: ¿Se observa en mi familia el mismo patrón?

Observemos ahora el resultado de nuestros intentos por mantener unas relaciones íntimas dentro de nuestra familia inmediata.
En primer lugar, echemos un vistazo a nuestros padres. ¿Encaja la palabra o frase que hemos elegido para describir el modo en que nos sentimos cuando se rompen o se agrian nuestras relaciones íntimas con el modo en que se relacionaban nuestros padres entre sí cuando éramos niños? ¿Encaja con la forma en la que ellos se comportaban con nosotros? ¿Describe esta palabra o frase el resultado emocional de las relaciones íntimas de cualquiera de nuestros hermanos?
Si vemos que nuestro patrón emocional negativo se manifiesta de algún modo en las experiencias vitales de nuestra familia inmediata, entonces sabremos que estamos siguiendo la pista correcta.

El motivo de ello es que nuestra definición inconsciente del amor no es algo exclusivamente nuestro. Es algo que heredamos de nuestros padres y que ellos heredaron de los suyos. Y, si ellos nos lo transmitieron a nosotros, también se lo transmitieron a nuestros hermanos. Es un sistema inconsciente de creencias acerca de la naturaleza del amor que compartimos con el resto de nuestra familia inmediata, y que aparecerá de una forma u otra dentro de las relaciones de nuestra familia, porque las familias comparten normalmente la misma definición inconsciente del amor.

Puede que en un principio no lo veamos en sus interacciones físicas, pero mostrará su faz en las reacciones emocionales negativas que tengan lugar si las relaciones íntimas se rompen o se agrian. 


Cuarto paso: ¿Qué es lo opuesto de mi definición inconsciente?

El cuarto paso puede parecer sencillo, pero suele suponer un reto. Tomemos la palabra o frase que describe nuestra definición inconsciente del amor y  nos preguntamos ¿qué es lo opuesto?.
 Esta tarea puede no ser tan sencilla como pueda parecer en un principio, debido a que no valoramos lo opuesto a nuestra definición inconsciente del amor, y por ello, al principio es complicado  acceder mental o emocionalmente a ello. Por tanto, quizás dejemos un espacio en blanco mental para esta pregunta, o quizás elijamos la palabra amor como opuesto. Sin embargo, es poco probable que la palabra amor sea la opuesta de nuestra definición inconsciente del amor.
Tenemos que formular la pregunta sinceramente y, luego, dejar que nuestra presencia interior nos revele la respuesta sin esfuerzo. Sabremos que habremos logrado la respuesta correcta porque esa respuesta resonará en nosotros en muchos niveles.

Una vez hayamos conseguido conocer nuestra definición inconsciente del amor y hayamos descubierto también su polo opuesto, estaremos preparados para restablecer el equilibrio emocional en nuestra experiencia vital. Pero, antes de que demos el quinto paso en este procedimiento de equilibrio emocional, conviene que echemos una mirada más atenta a otro aspecto de nuestro comportamiento heredado.

Desde niños, se nos enseñó mediante el ejemplo que, para recibir algo, teníamos que salir al mundo exterior y «conseguirlo», de ahí que la norma que adoptáramos, sin cuestionárnosla siquiera, fuera la de «conseguir es recibir». Sin embargo, si contemplamos esta forma de proceder desde una perspectiva de unidad, veremos que carece de sentido. Para adoptar la perspectiva de unidad, tenemos que vernos a nosotros mismos como una única célula en el vasto cuerpo de todo cuanto existe.

Al mismo tiempo que somos individuos, somos interdependientes. Desde un punto de unidad, el hecho de recibir mediante la consecución no tiene sentido porque, en todas las circunstancias, lleva implícita la idea de que lo que se consigue hay que quitárselo a otro. Si una célula le arrebatara algo a otra, crearía un desequilibrio en el organismo en su conjunto.
En otras palabras, la consecuencia de la consciencia de «consecución» es que alguien o algo en la totalidad de nuestra experiencia pierde invariablemente algo. Cuando intentamos «conseguir» algo de este mundo, ponemos en marcha siempre un reflejo de carencia en nuestra experiencia del mundo. ¿Cómo puede un acto de «consecución» devolver el equilibrio a algo? 

El acto de «consecución» pone siempre en marcha un reflejo de carencia. 
Cuando sentimos una carencia en algún aspecto de nuestra vida es porque, en algún momento y de algún modo, hemos estado intentando conseguir esa misma cosa de los demás. 

Si, en lugar de intentar conseguir lo que sentimos que nos falta en la vida, encontramos primero una manera de dárnoslo a nosotros mismos y más tarde al mundo, nos daremos cuenta de que nuestra sensación de carencia comienza a disminuir de forma apreciable.

Una vez hayamos identificado nuestra definición inconsciente del amor, así como su polo opuesto, estaremos preparados para dar el siguiente paso.


Quinto paso: Dar es recibir.

El quinto paso nos pide que demos aquello mismo que queremos recibir. Este paso tiene dos fases.

1. Tenemos que comenzar por damos incondicionalmente a nosotros mismos lo que pretendemos recibir de los demás. Y no hay manera de sortear este principio. Si, por ejemplo, hemos descubierto que nuestra definición inconsciente del amor es «abandono», y que su opuesto es «compromiso», tendremos que optar sinceramente por comprometernos, no importa cómo.
Cada vez que aparezcan síntomas de desequilibrio físico, mental o emocional en nuestra experiencia, tenemos que comprometernos a responder ante ellos, en lugar de reaccionar ante ellos.

Tenemos que comprometernos a dirigirnos, nutrirnos, sanarnos y enseñarnos a nosotros mismos.
Tenemos que comprometernos a rescatar a nuestro yo infantil de sus sentimientos de abandono en el pasado.
 Tenemos que comprometernos a decir «sí» cuando queremos decir «sí» y «no» cuando queremos decir «no».
Tenemos que comprometernos con nuestro propio crecimiento emocional.
 Tenemos que comprometernos a activar nuestra conciencia de la presencia interior.

 2.  Después tenemos que dar incondicionalmente lo que hemos estado intentando obtener de todas las demás personas que entran en nuestra experiencia vital.
Si, por ejemplo, lo opuesto a nuestra definición inconsciente del amor es «compromiso», tendremos que demostrar a través del ejemplo a todas las personas de nuestra experiencia vital que estamos comprometidos con ellas.
 Pero lo más importante hacerlo sin condiciones. Nuestro comportamiento no debe estar determinado por el resultado que deseamos obtener.
No se habla aquí de conseguir; se habla de dar. No se habla aquí de lo que los demás puedan pensar o cómo puedan responder o no a nuestras intenciones. Se habla simplemente de hacer lo que haga falta para restablecer el equilibrio en la calidad de nuestra experiencia vital.

En lugar de revolearnos en los dramas que nuestra definición inconsciente del amor manifiesta, tenemos que decidirnos ahora por dar los pasos necesarios para estimular lo opuesto de esta experiencia dentro de nosotros y en nuestras interacciones con todos los que nos rodean.

Siguiendo este curso de acción, sentiremos un cambio de inmediato. ¿Por qué? Porque el mundo es un espejo, y siempre lo será; Este ajuste en nuestra interacción con el mundo y con nosotros mismos nos demostrará de inmediato:

 Que dar es recibir. Que no estamos separados de nadie ni de nada de cuanto nos rodea. Que, cuando damos incondicionalmente, disponemos de una cantidad ilimitada de lo opuesto a nuestra definición inconsciente del amor para darle al mundo.


Y de ultimo despertaremos a la constatación que:

No hay nada que «conseguir» en este mundo.
No hay amor que «conseguir» en el mundo. El mundo es tan neutral como un espejo; todo lo que vemos en él es lo que nosotros ponemos ante él.
Si intentamos «conseguir» amor de este mundo, nos iremos sumergiendo cada vez más en una experiencia de carencia y de falta de amor. Cuando de verdad integramos que no hay nada en el mundo que podamos conseguir y que, por el contrario, somos nosotros los que tenemos que aportar el amor incondicional a nuestra experiencia del mundo, será cuando cruzaremos el puente que nos lleve a una nueva experiencia vital mucho más profunda.

 Entonces habremos aprendido el secreto de la experiencia del amor incondicional, que consiste en que somos nosotros los que tenemos que dar ese amor incondicional. Somos al ciento por ciento responsables de la calidad de todas nuestras experiencias.

Lo que somos realmente es amor y, por tanto, amor es lo único que podemos dar. Cualquier otra cosa que demos no será real ni duradera; será una ilusión. Sin embargo, el amor, si se da incondicionalmente, es eterno.


                   M. Brown


sábado, 12 de marzo de 2016

Por que hay mas sufrimiento que disfrute en nuestra vida?





ENTREVISTA DE ORIENTACIÓN GRATUITA
Ecribeme a:    Juani593@hotmail.com


Juana Ma. Martínez Camacho
Terapeuta Transpersonal
Especialista en Bioneuroemoción
Facilitadora Internacional de CMR (Liberación de la Memoria Celular)





domingo, 21 de febrero de 2016

Neurociencias: el ADN de la mente - Alejandra del Fabro


Resulta que nuestros cerebros están conectados como si nuestras mentes estuviesen al alcance de la señal de un wifi neuronal: todos nos enlazamos a un router. 
Si una persona bosteza, ¿te hace bostezar? En Jardín de Infantes en la etapa de adaptación, si un niño comienza a llorar, ¿lloran todos? Cuando te encontrás en la calle con una persona que lleva un bebé en el carrito, le acercás tu cara al bebé y le sonreís, ¿te devuelve la sonrisa? ¿Te tentaste de risa y tentaste a otra persona? ¿Fuiste al teatro y sentiste que te pasaba lo mismo (alegría o tristeza) que al actor? 
Esta es la respuesta al porqué las emociones, ciertos movimientos e, incluso, las intenciones son contagiosas. 

Vivimos en un mundo vertiginoso, cambiante, desafiante, competitivo e incierto. Es más, nuestro hogar,  el planeta Tierra, está en serios riesgos. Sentimos que la humanidad está cada vez más “encerrada” en sus propios problemas personales y difícilmente tenga la oportunidad de mirar a los costados: adolecemos de empatía.  

La empatía es la base de la Inteligencia Emocional; esta característica no significa ser emotivo, sino todo lo contrario, es ser hábil en el contexto emocional y social.
A partir de los descubrimientos neurocientíficos que nos dicen que las emociones son contagiosas y que ellas fluyen desde la persona más poderosa, los líderes están en la mira: tu estado emocional es contagioso, ya sea de forma  positiva como negativa. 

En este artículo mencionamos como líderes positivos no sólo a las personas conocidas y de fama mundial. Creemos que cada uno de nosotros es (o puede llegar a ser) un líder en su familia, en su grupo de amigos, en su ámbito laboral, empresarial, político, etc. 


La Neurosicoeducación nos educa y da a conocer descubrimientos neurocientíficos que nos ayudan a entendernos más como seres humanos. Además, nos provee de herramientas para mejorar en este sentido. Por esta razón, resulta que las neurociencias nos traen ¡buenas noticias! 
A fines del siglo XIX Anton Chejov, médico, escritor y dramaturgo ruso, dijo desafiante, pero lleno de esperanza: "El hombre llegará a ser mejor si le muestras cómo es."  
Algunos de los científicos más eminentes del mundo están de acuerdo con aquellas palabras pronunciadas hace dos siglos y cuando se les pregunta ¿Qué los hace sentirse tan optimistas? y ¿Por qué? Responden en base a los últimos estudios realizados. El destacado neurocientífico Marco Iacoboni, por mencionar un caso, citó el trabajo experimental que se realizó sobre los mecanismos neuronales y mostró cómo los humanos estamos "cableados para la empatía". Se trata del descubrimiento, relativamente reciente, del sistema de neuronas espejo (SNE). 

El sistema neuronas espejo fue descubierto e investigado por el neurobiólogo italiano Giacomo Rizzolatti quien en 1996 dio a conocer que las neuronas espejo son las responsables de la empatía humana. Rizzolatti señaló que este sistema cableado es lo que nos permite "captar las mentes de los demás no a través de un razonamiento conceptual sino a través de una estimulación directa de los sentimientos, no con el pensamiento". Las neuronas espejo son la base de la empatía y, por lo tanto, de nuestro comportamiento social. En los humanos este sistema se desarrolla junto con el sistema motor, por lo que son observables a muy temprana edad.  

Durante varios años, los psicólogos estuvieron al tanto de este factor de contagio. Uno de los experimentos que lo demostraba era que dos desconocidos entraban en un laboratorio y debían marcar en una lista los estados de ánimo que experimentaban en ese momento. Luego permanecían en silencio, mirándose, durante unos minutos. A continuación volvían a marcar los elementos de la misma línea. De las dos personas, la más expresiva emocionalmente habría transmitido sus emociones al otro durante los dos minutos en silencio. Sin embargo, el proceso en sí era un enigma y los psicólogos se preguntaban sobre el origen del contagio.  

Como este fue una incógnita durante tantos años, no es sorprendente que algunos científicos piensen que el descubrimiento de las neuronas espejo es el hallazgo neurológico más importante desde hace décadas. Inclusive, “se podría comparar con lo que significó el descubrimiento del ADN para la biología” según  aseguró el neurólogo Vilayanur Ramachandran en 2006.      


Con la divulgación del Sistema de Neuronas Espejo supimos que influimos de forma constante en el estado cerebral de los demás. Según el modelo de Inteligencia Emocional de Daniel Goleman, en la gestión de las relaciones somos responsables de cómo determinamos los sentimientos de las personas con las que interactuamos, para bien o para mal.
 
A partir de ahí surge un interrogante: ¿Quién envía las emociones que pasan entre las personas y quién las recibe? Una respuesta, para grupos de iguales, es que el emisor suele ser el individuo más expresivo emocionalmente. Sin embargo, cuando existen diferencias de poder (en la familia, en el aula, en el trabajo, en cualquier tipo de organización) el emisor emocional es el individuo más poderoso (el líder): él o ella marcarán el estado emocional del resto. 

En cualquier grupo de seres humanos se presta el máximo de atención (y se le confiere el máximo de importancia) a lo que diga o haga la persona con más poder. Hay muchos que señalan, por ejemplo, que si el líder de un equipo deportivo está de buen humor los demás lo reflejan y el optimismo colectivo mejora el rendimiento del conjunto. Todo lo contrario ocurre cuando el líder se muestra pesimista. 

El contagio emocional se produce siempre que las personas interactúan en pares, en grupos o en una organización.  La influencia anímica de una persona a otra surge automática, instantánea e inconscientemente y escapa a nuestro control. No obstante, nuestra mente tiene la capacidad de autocontemplación, autodomio y autoconocimiento. Estas últimas tres capacidades, pertenecientes al ámbito de la neurobiología interpersonal,  cobraron forma a medida que la ciencia ha ido descubriendo el cerebro social. 

El cerebro social cuenta con una infinidad de circuitos, todos ellos concebidos para adaptarse a la mente de otra persona e interactuar con ella. Como se dijo anteriormente, cada uno de nosotros somos (o podemos ser) líderes en nuestro ámbito. Como líder, ¿qué te gustaría contagiar para ayudar a que quienes te rodean sean personas más felices, plenas y contentas consigo mismas? 


Prof. Nse. Alejandra del Fabro


Ver mas en;   NEURONAS ESPEJO



martes, 16 de febrero de 2016

El dolor puede ser nuestro guía y maestro.(Luis Diaz)




Algo de lo más profundo de nosotros puede abrirse paso y brillar a través de las experiencias de dolor. El dolor puede ser nuestro aliado, nuestro guía y maestro y, cuando es experimentado de manera consciente es, paradójicamente, el portal que da a la liberación del sufrimiento.

El dolor que es vivido conscientemente nos conduce a un lugar que sentimos como «de vuelta a casa». La mayor parte de la humanidad vive en un estado de sufrimiento inconsciente, y la  mayor parte de este dolor es artificial. Sabios y maestros espirituales de todos los tiempos han identificado ese estado como «ensueño», «fantasía» o «imaginación». En el hinduismo, por ejemplo, se dio el nombre de «maya» a esa «obra de teatro» creada por la divinidad que es el mundo, sólo una etapa del juego divino.

Pero más allá del nombre que le demos, es un estado del ser desde donde hacemos lo imposible para ser diferentes de lo que somos en realidad. Así vivimos nuestras vidas, profundamente identificados con lo que no es verdad, como presas de un trance hipnótico o un conjuro. Y lo mas interesante es que es posible que permanezcamos en ese estado hasta el final de nuestra vida. De hecho la mayoría de la humanidad así lo hace.

La transformación de las contracciones energéticas que llamamos «dolor» requiere atención y presencia. Cuando prestamos atención a aquello que sentimos incómodo o doloroso,  podemos volvernos más conscientes de las sensaciones y los sentimientos, así como de los patrones de pensamiento y las creencias que lo alimentan. Entonces podremos empezar a desmadejarlo.


Este proceso es extraordinariamente simple, aunque al principio puede resultarnos dificultoso, en parte por falta de ejercitación y, sobre todo, por toda una vida de entrenamiento en juzgar, resistir y luchar con lo incomodo o doloroso.

La creación  del cuerpo del dolor pudo habernos llevado toda la vida, pero la transformación de esas contracciones puede producirse en un solo instante. Para mi la liberación del cuerpo de luz se comporta como un incendio forestal irrefrenable, y el estado de presencia es como un viento que esparce y alimenta ese incendio. Cuanto más presentes estamos, más poder cobra el fuego transformador. A su paso, se consumen extensas áreas de mentira y de miedo, de vergüenza y auto-condena, para dar lugar a lo que ha estado allí desde siempre, esperando ser experimentado y reconocido, y a lo que llamamos nuestro ser verdadero.

El breve intervalo que media entre el nacimiento y la muerte –apenas, la vida– puede ser transitado casi por completo en el estado de ensueño y fantasía que crea la mente. Lo cierto es que un mundo maravilloso cambia a cada instante a nuestro alrededor, aun cuando estemos distraídos repasando el pasado o tratando de predecir el futuro.
Sin embargo, como la nave a la deriva se beneficia de la luz del faro, podemos experimentar en nuestro cuerpo sensaciones muy intensas que nos sacuden temporalmente del sueño en el que estamos sumergidos y nos llevan al encuentro del poderoso “ahora”.

Cuando experimentamos dolor físico o emocional y dirigimos nuestra atención hacia la zona de nuestro cuerpo que se activa, nos «traemos» a nosotros mismos al momento presente. Es así como el dolor nos devuelve a la vida, que ocurre, siempre, ahora, en este preciso instante.




Ejercicio

Tómate un momento para apreciar la diferencia entre el estado de ensueño y el estar aquí y ahora. Respira profundo. Siente tu cuerpo… ¿Cómo lo sientes? ¿Qué sensaciones experimentas y dónde? ¿En qué lugar de tu cuerpo hay relajación y en qué lugar, tensión? (Si experimentas calma, siente si es calma real o si es adormecimiento.) Siente tu respiración.
-Ahora, mientras parte de tu atención está puesta en las sensaciones de tu cuerpo –el espacio interno– pasa a reconocer poco a poco el espacio exterior.
-¿Qué está pasando exactamente ahora dentro de tu cuerpo y fuera de él?
Captura estas percepciones, mira por un momento y siente. Respira.
-Éste es el comienzo del estado de presencia.



Consultas  Presenciales  y  por  Skype.

Juana Ma. Martínez Camacho

 Terapeuta Transpersonal
 Especialista en Bioneuroemoción

 Facilitadora Internacional de CMR (Liberación de la Memoria Celular)


lunes, 15 de febrero de 2016

Como los valores humanos afectan a las células- Luis Diaz




¿QUE SUCEDE DURANTE EL PROCESO CMR?

Durante el proceso CMR, accedemos a la energía inteligente que tiene el cuerpo y a su capacidad de autosanación.

La sabiduría del cuerpo, nos guía para explorar los archivos que guardan las memorias originales, raíces del malestar interno. Así, se pueden descubrir las conexiones que nos mantienen enganchados en la repetición del patrón.
Al encontrar la raíz, reconocemos el sentimiento atrapado, lo permitimos sin juicios, sin interpretaciones, descubriendo las necesidades que lo motivaron. Así comenzamos a desbloquear los nudos energéticos creados en el pasado.
Cuando desbloqueamos estos nudos energéticos, las células, comienzan a eliminar las contracciones y a reemplazarlas con la resonancia original: Amor,Libertad y Gozo.

La persona se siente protagonista de su vida, fortalecida y confiada, con mayor conocimiento de sí misma; lo cual le permite sentir un profundo bienestar físico y emocional.

El proceso te ayuda a que puedas conocerte mejor y que liberes la carga dolorosa retenida en el cuerpo, como forma de contracciones que producen dolor físico y/o emocional, al encontrar el origen de las causas que las producen, puedes sanar las heridas del pasado, aprendiendo a expresar tus emociones, sentimientos y necesidades. Te vuelves más íntegro como persona.

Aprendes a diferenciar entre el sufrimiento y el dolor. Una cosa es afrontar el dolor, como parte de la vida, y otra muy diferente es sufrir, que surge de la identificación con la situacion dolorosa, de lo que te dices constantemente al respecto, puedes enfrentar los sentimientos/emociones incómodas de una manera diferente cuando aprendes el estado de "Presencia", pues no estas enganchado al drama, sino que, desde ese estado de Presencia, atraviesas el dolor y sales fortalecido y mas integrado, viendo el entorno de una manera nueva y diferente. 

Aprendes a escuchar los mensajes que, todo el tiempo tu cuerpo te está dando, el cuerpo tiene una vastísima inteligencia que lo hace funcionar, solo has de aprender a escuchar sus mensajes. Aprendes a desarrollar la percepción de cómo actúa la energía en el cuerpo y cómo incide en tu vida.

Toda la información esta en ti, y aprendes a acceder a ella descodificando sus mensajes, aprendiendo la inteligencia emocional: gestionar sanamente sentimientos, emociones, sensaciones, para que funciones mas integro en cuerpo, mente y espíritu.



Las consultas pueden ser Presenciales o por Skipe.

Juana Ma. Martínez Camacho
Terapeuta Transpersonal
Especialista en Bioneuroemoción
Facilitadora Internacional de CMR (Liberación de la Memoria Celular)



domingo, 14 de febrero de 2016

El Segundo Cerebro: ¿Qué es el sistema nervioso entérico?


El sistema nervioso entérico (SNE), una subdivisión del sistema nervioso autónomo, está localizada dentro de la musculatura lisa (es decir, involuntaria) de los intestinos. Se encarga de controlar directamente el aparato digestivo para que las funciones digestivas se mantengan su funcionamiento coordinado e integrado.

El SNE está compuesto por 100 millones de neuronas, un centésimo del número de neuronas en el cerebro y considerablemente más que el número de neuronas en la médula espinal, por esto que lo responsabilicen en hacernos sentir ciertas emociones en la tripa.

Esta enorme cantidad de neuronas sensoriales y motoras del sistema nervioso entérico es la que permite que la digestión se haga de forma apropiada, sin que el cerebro principal tenga que intervenir en sus procesos.

Es decir, el SNE es capaz de hacer la rotura de los alimentos, la absorción de los nutrientes y la expulsión de los desechos, etcétera, de forma independiente del cerebro. Por esto que este sistema nervioso gana rápidamente los motes: ¨el pequeño cerebro¨, ¨el mini-cerebro¨, ¨el cerebro abdominal¨, ¨el cerebro digestivo¨ o el “segundo cerebro”.

Según el Doctor Michael D. Gershon (jefe del departamento de Anatomía y Biología Celular de la Universidad de Columbia en Nueva York y el autor del libro, ¨El Segundo Cerebro”): “el lenguaje hablado por las células del sistema nervioso abdominal es tan rico y complejo como el del cerebro". De hecho, el SNE es la única parte del cuerpo que puede rechazar o ignorar un mensaje que llega desde el cerebro craneal.

El SNE produce y almacena 95% de la serotonina en nuestro cuerpo. La serotonina es un neurotransmisor, una sustancia química que juega un papel importante en las emociones y el humor en general; en este caso en la inhibición de la ira o cualquier conducta impulsiva orientada a la agresión, la temperatura corporal, el apetito, el placer sexual o el placer en general.
 
           

¿Cómo profundizar la consciencia emocional y mejorar la salud en el aparato digestivo?

La serotonina también ayuda en la digestión: primero, empieza el proceso de la digestión a través de estimular la secreción de enzimas desde el páncreas y segundo, controla la velocidad y el ritmo del peristaltismo, el movimiento muscular ondulante e involuntario, parecido a olas e de los intestinos para mover el bolo alimentario por su trayecto.

Por esto hay una conexión entre el movimiento intestinal, la digestión (diarrea, constipación) y el humor (irritabilidad, depresión).

¨El cerebro abdominal¨ no comparte la abundancia de la serotonina con el cerebro craneal, pero la serotonina sí que tiene un efecto estimulante sobre el nervio craneal decimo, que es el famoso nervio vago que inerva la faringe, el esófago, la laringe, la tráquea, los bronquios, el corazón, el estómago, el páncreas, el hígado y otros órganos y vísceras. 

El nervio vago también permite una comunicación entre los dos ¨cerebros¨, el abdominal y el craneal. El abdominal manda hasta nueve impulsos por cada uno que recibe de vuelta del craneal.

Pero incluso con toda la comunicación entre los dos ¨cerebros¨, el SNE puede tomar decisiones independientes del sistema nervioso central y por lo tanto aprender sus propias lecciones.

El “segundo cerebro” tiene también una relación estrecha e íntima con el sistema inmunitario. 70% de nuestro sistema inmunológico se centra en el intestino para expulsar y matar a sus invasores.

En la boca se hospedan más de 250 especies de microorganismos.

En el túnel gástrico se hospedan más de 500 especies de microorganismos y algunos son potencialmente letales.

Cuando una sustancia amanece el organismo, el cerebro craneal activa los agentes del sistema inmunitario y los sitúa a vigilar y proteger los paredes de los intestinos. Esa masa de células que hace su función en proteger el organismo, segrega, entre otras sustancias, la histamina, que en parte su función es provocar una inflamación para defender el organismo.

                

¿Cuál es la relación entre el SNE con nuestro Centro emocional?

Según Doctor Gershon, en parte nuestro bienestar físico y emocional cotidiano depende del “segundo cerebro”.

Aparte de la serotonina, el cerebro entérico produce otras sustancias psicoactivas que influyen el estado de ánimo, como la dopamina, que es también otro neurotransmisor que modula el dolor y está relacionada con la sensación de calma y bienestar.

Casi todas las sustancias que controlan y hacen funcionar el cerebro, se producen en el intestino. Los síntomas de ambos ¨cerebros¨ se confunden: la migraña calma los intestinos hiperactivos, los antidepresivos provocan los trastornos digestivos, el prozac aumenta la concentración de serotonina, los enfermos de Alzheimer y de Parkinson sufren de estreñimiento: sus neuronas intestinales están tan enfermas como las cerebrales y casi todos los pacientes con síndrome de colon irritable se quejan de problemas mentales y emocionales, como ansiedad, fatiga, agresividad, depresión o alteraciones del sueño. 

Drogas como la morfina y la heroína actúan tanto sobre los receptores opiáceos que se hallan en el cerebro como en los que se encuentran en el intestino. Ambos sistemas pueden hacerse adictos.

Estos hechos nos demuestran la relación entre nuestro ¨ámbito mental¨, nuestras emociones y nuestros órganos y su bienestar.

En el lenguaje popular todos conocemos las expresiones que reflejan la relación intima de las emociones con el aparato digestivo, con nuestro centro, aquí se expone unos ejemplos:

¨Tengo mariposas en mi barriga¨
¨No me lo puedo tragar¨, ¨difícil de tragar¨
¨Me hace un nudo en el estómago¨

Nuestros órganos, son como nosotros, están vivos- se sienten, saben y exigen según sus necesidades. Nos dan señales, nos comunican, nos hablan. Cuando el estómago se hincha, cuando la boca del estómago entra en un estado de espasmo, cuando hay un estreñimiento o una diarrea- son todos mensajes directos de nuestros órganos y de nuestro Centro emocional. Así pues, la salud de nuestros órganos, de nosotros mismos, depende de nuestra respuesta.

Una respuesta que Lisa Sarasohn, la escritora del libro - The Woman´s Belly Book, recomienda, es comunicar con nuestra barriga a través de una actitud, unas pautas que siempre te puedan guiar de una manera consiente y creativa:

1. Da, recibe y absorbe nutrición
2. Evita el toxico
3. Ten límites y bordes claros
4. Establece una identidad
5. Suelta la necesidad de ser perfecto
6. Siente que eres suficiente, que haces suficiente y que tienes suficiente
7. Expresa rabia
8. Ten un sentido a tu vida muy claro
9. Di tu verdad
10. Afirma tu sexualidad
11. Sientete seguro y protegido en el acto sexual
12. Expresa tu creatividad
13. Vive con una sensación de abundancia
14. Vive el duelo y suelta