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domingo, 3 de diciembre de 2017

El dialogo interno


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¿Cómo te hablas a ti mismo?

Es de vital importancia lo que nos decimos a nosotros mismos ante una situación que estamos experimentando. El dialogo interior está basado sobre el sistema de creencias, muchas de ellas inconscientes y afecta nuestro mundo emocional más de lo que nos imaginamos, pero también nuestros estados emocionales, creencias, etc., afectan nuestro diálogo interno. 

Se ha descubierto que, cuando nuestro dialogo interno es nocivo, llega hasta el punto de “matar neuronas en ciertos centros cerebrales, como los hipocampos. (Dr. Mario Alonso Puig)

La facultad de Medicina de la Universidad de Harvard ha demostrado que entre el 60% y el 90% de las consultas a médicos generales en occidente tienen relación con determinadas emociones aflictivas que se prolongan en el tiempo.

Es muy importante ser conscientes de que es lo que nos decimos ante las situaciones que vivimos, pues de esa interpretación, depende la calidad de nuestras experiencias, y es que según lo que nos digamos movemos estados emocionales que tienen que ver con sustancias químicas en el organismo, no es lo mismo sentirnos furiosos, que sentirnos contentos. El dialogo interno, puede cambiar nuestro estado anímico en segundos.

«No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede» Epícleto



Aprender a escuchar a esa voz interna, a ser conscientes de ella, nos ayuda a mejorar nuestra automotivación y a regular el mundo emocional, ya que contrario a lo que solemos creer, somos responsables de nuestro mundo emocional, de lo que sentimos.

Gran parte de la vida, solemos culpar al afuera por cómo nos sentimos y nos justificamos, estoy triste porque tal persona no me hizo caso, o estoy furioso pues mi pareja no me escucha, o estoy frustrado porque el país está en crisis…etc. Y es que sin negar la situación exterior, la verdad es que lo que yo interpreto, yo que yo me digo de lo que está ocurriendo tiene mucho que ver con mi estado, con lo que siento, el otro puede actuar a su manera, pero en mi interior yo decido si me afecta o no, y si me afecta, toca revisar que patrones, maneras de funcionar se activan en mí que hacen que la situación me afecte y poder revisar sistema de creencias que ya no me apoyan a crear una vida saludable. 

Así, al ir tomando conciencia de que somos responsables de nosotros mismos, nos damos cuenta que “nadie nos puede herir sin nuestro consentimiento”.

Conviene cuando nos decimos algo que nos hace sentir mal, confrontar la creencia, por ej. Si me sorprendo diciendo que soy torpe, preguntarme: ¿realmente es así, soy torpe?, ¿es del todo real lo que me digo?, ¿es así en todo momento? O ¿es que me comporte torpemente?, ¿habrá situaciones donde no me comporte torpemente?....entonces la creencia pierde fuerza. 

Para poder detectar como nos hablamos a nosotros mismos, qué nos decimos, y si ese dialogo es tóxico, aprender a hablarnos de otra manera más saludable:

· hemos de entrenar la mente a estar presente, aprender a observar sin juicio los pensamientos, adoptando una actitud meditativa, para sorprendernos cuando nos estamos hablando mal. 

· Soltar la atención de los pensamientos y dirigirla a las sensaciones corporales. ¿Qué estoy notando en el cuerpo? ¿Qué sensaciones físicas noto: tensión en la mandíbula, en el cuello, puños apretados, hormigueos, calor, opresión en el pecho, nudo en el estómago, etc.?

· preguntarnos que estoy sintiendo, ponerle un nombre a la emoción o sentimiento: enojo, rabia, tristeza, angustia, ansiedad…) al ponerle nombre, al etiquetar la emoción, o sentimiento, se activan áreas del cerebro que nos ayudan a ser más resolutivos.

Hay un estudio científico (universidad de California) que demuestra que cuando nombramos una emoción la corteza prefrontal fabrica péptidos que inhiben la amígdala sobreactivada.

Desarrollando la Inteligencia Emocional, podemos equilibrar y armonizar la parte emocional y racional del cerebro. 

Al observar cual es el dialogo interno que nos lleva a sentirnos así, nos daremos cuenta que solemos decirnos cosas como: todo lo hago mal, siempre me pasa lo mismo, no cambio más, que estúpido soy, etc. 

Luego de haber tomado conciencia de lo que me digo, podre ver como distorsiono los hechos bajo los efectos de la emoción y de las creencias, se trata de confrontar como dije antes las creencias, para verificar si son realmente ciertas.

· Y me planteare como puedo aprender a hablarme, o que decirme a mí mismo ante esa situación que me haga sentir mejor.

· Haciendo esto, puedo volver a observar mis pensamientos y emociones y notar el cambio.

· Noto que sensaciones físicas aparecen al cambiar el dialogo interno tóxico por un dialogo más amable y que me hace sentir mejor.

· Y por último mirare que acción tomar, cual es el primer paso a dar para poder cambiar la situación que no me gusta, pues al tomar acción desaparece la sensación de inmovilidad que nos genera la preocupación por algo.

nueces y neuronas



viernes, 3 de noviembre de 2017

Reflexión sobre la Confianza



Que soñarías, harías hoy si supieras que no vas a fracasar??

Qué te detiene a hacer realidad tu sueño?

Qué te animaría a realizarlo?

Quizá es la falta de confianza en conseguirlo….por miedos…si reemplazas esos miedos por el amor y la confianza, saldrán recursos internos y la motivación para lograr lo que quieres materializar en tu realidad…pero cuidado, se trata de no aferrarse a un resultado…apelar al poder de la atención y la intención….enfocar la atención en lo que quieres concretar, crear…poner tu energía allí y luego soltar…despegarte de un resultado determinado, de pretender que sea de una u otra manera….como si plantas una semilla, no remueves la tierra a diario para ver si germina, sino que abonas la tierra, la siembras, le echas agua y la dejas al calor del sol y esperas…a que la naturaleza, el universo haga el resto…

Porqué nos cuesta tanto confiar? 

Habrá que revisar las creencias limitantes arraigadas en lo más profundo de tu ser, las creencias que te dicen que no eres merecedor, que no puedes lograrlo, los miedos.…, etc.

Cuando eras niño te decían cosas como: no vales para la música, no eres lo suficientemente listo para las matemáticas, no eres hábil para el dibujo, no lograras esto o lo otro….etc. y te lo creíste…..luego, de grande cuando se te presentó un nuevo desafío, no te animaste por las ideas de que no puedes, o no debes, o es difícil, o es imposible, y ahogaste los sueños…sin intentarlo siquiera….sin darte cuenta que si tienes una idea, un sueño, es porque es posible realizarlo, al menos intentarlo…suelta los juicios, esas voces internas que te dicen: no puedes, es difícil, no te lo mereces….e inténtalo…no tienes nada que perder, y, quien sabe, quizá ese sueño se haga realidad…. 






La importancia del equilibrio entre cerebro emocional y cerebro cognitivo


El cerebro emocional: cerebro límbico

El cerebro límbico controla las emociones y la fisiología del cuerpo. El cerebro límbico está constituido por las capas más profundas del cerebro humano. De hecho es un <<cerebro en el interior del cerebro>>

La organización del cerebro emocional es bastante más simple que la del neocórtex. A diferencia de lo que sucede en este último, la mayoría de las áreas del cerebro límbico no están organizadas en capas regulares de neuronas que permiten el tratamiento de la información, sino que las neuronas están más bien amalgamadas. 

A causa de esta estructura más rudimentaria, el tratamiento de la información por parte del cerebro emocional es mucho más primitivo que el efectuado por el neocórtex. Pero es más rápido y está más adaptado a reacciones esenciales para la supervivencia. Por esta razón, por ejemplo, en la penumbra de un bosque, un pedazo de madera en el suelo puede parecer una serpiente y desencadenar una reacción de temor. 

Antes de que el resto del cerebro pueda completar el análisis y concluir que se trataba de un objeto inofensivo, el cerebro emocional desencadenará, basándose en informes muy parciales y a menudo incorrectos, la reacción de supervivencia que le parezca más adecuada.

El cerebro límbico es un centro de control que recoge continuamente informaciones provenientes de distintas partes del cuerpo y que responde de manera apropiada controlando el equilibrio fisiológico: la respiración, el ritmo cardíaco, la tensión arterial, el apetito, el sueño, la líbido, la secreción de hormonas, e incluso el funcionamiento del sistema inmunitario, están bajo sus órdenes. 

El papel del cerebro límbico parece ser mantener las diferentes funciones en equilibrio, el estado de homeostasis: el equilibrio dinámico que nos mantiene con vida.

Desde este punto de vista, nuestras emociones no son más que la experiencia consciente de un largo conjunto de reacciones fisiológicas que regulan y ajustan continuamente la actividad de los sistemas biológicos del cuerpo a los imperativos del entorno interno y externo.

El cerebro emocional mantiene, pues, casi una mayor intimidad con el cuerpo que con el cerebro cognitivo. Y por esta razón suele ser más fácil acceder a las emociones a través del cuerpo que mediante la palabra.

Debido a su estrecha relación con el cuerpo, suele resultar más fácil actuar sobre el cerebro emocional a través del cuerpo que mediante el lenguaje.




El neo córtex o cerebro cognitivo

El cerebro cortical controla la cognición, el lenguaje y el razonamiento. El neocórtex, la “corteza nueva”, es la superficie plisada que da al cerebro su apariencia tan característica. También es la envoltura que rodea al cerebro emocional. Se encuentra en la superficie pues, desde el punto de vista evolutivo, es la capa más reciente. 

Está constituido por seis estratos distintos de neuronas, regulares y organizadas para un óptimo tratamiento de la información, como en un microprocesador. Esta organización es la que confiere al cerebro su excepcional capacidad para tratar la información.

Aunque sigue siendo muy difícil programar los ordenadores para que reconozcan los rostros humanos en todas las condiciones de iluminación y orientación, el neocórtex lo logra sin dificultad en pocos milisegundos. En el campo de la audición, sus complejas capacidades de tratamiento del sonido le permiten diferenciar, incluso antes de nacer, entre el lenguaje materno y cualquier otro lengua extraña.

En el hombre, la parte del neocórtex que se halla tras la frente, por encima de los ojos, bautizada como <<córtex o corteza anterior>>, está especialmente desarrollada. 

Mientras que el tamaño del cerebro emocional es casi el mismo de una especie a otra (teniendo en cuenta, claro está, las diferencias de tamaño), el córtex anterior presenta en el hombre una proporción mucho mayor del cerebro que en los demás animales.

Gracias a la intermediación del córtex anterior, el neocórtex se ocupa de la atención, la concentración, la inhibición de los impulsos e instintos, el ordenamiento de las relaciones sociales y, como demostró Damasio, el comportamiento moral. Sobre todo es el que establece los planes de futuro a partir de símbolos que no están presentes en el espíritu, es decir, sin que la información resulte aparente para la vista o la tengamos entre manos. 

Atención, concentración, reflexión, planificación, comportamiento moral: el neocórtex –nuestro cerebro cognitivo- es un componente esencial de nuestra humanidad.





Cuando hay entendimiento entre ambos cerebros

Los dos cerebros, emocional y cognitivo, perciben la información proveniente del mundo exterior más o menos a la vez. A partir de ahí, pueden bien cooperar, o disputarse el control del pensamiento, de las emociones y del comportamiento. El resultado de esta interacción –cooperación o competición- es lo que determina lo que sentimos, nuestra relación con el mundo y con los demás. Las diversas formas de competición nos hacen desgraciados.

Por el contrario, cuando el cerebro emocional y el cognitivo se complementan, uno para dar dirección a lo que queremos vivir (el emocional), y el otro para hacernos avanzar por ese camino de la manera más inteligente posible (el cognitivo), sentimos una armonía inferior –un <<estoy ahí donde quiero estar en mi vida>>- que sustenta todas las experiencias duraderas de bienestar.


El cortocircuito emocional

La evolución conocía cuales eran sus prioridades. Y la evolución es ante todo una cuestión de supervivencia y de transmisión de nuestros genes de una generación a la siguiente. 

Sea cual fuere la complejidad del cerebro que se ha ido conformado en el transcurso de varios millones de años, sea cuales fueren sus prodigiosas capacidades de concentración, abstracción, de reflexión sobre sí mismo, si nos impidiesen detectar la presencia de un tigre o de un enemigo, o no nos permitieran reconocer la presencia de una compañía sexual apropiada y, por tanto, una ocasión de reproducirnos, nuestra especie se habría extinguido hace ya mucho.

Por fortuna, el cerebro emocional vela permanentemente. Se encarga de vigilar el entorno, en segundo plano. Cuando detecta un peligro o una oportunidad excepcional desde el punto de vista de la supervivencia –un posible compañero sexual, un territorio, un bien material útil-, desencadena de inmediato una alarma que anula en pocos milisegundos todas las operaciones del cerebro cognitivo e interrumpe su actividad. Eso permite que el cerebro, en su conjunto, se pueda concentrar instantáneamente en lo que resulta esencial para la supervivencia.

Éste es el mecanismo que nos ayuda, cuando conducimos, a detectar, de manera inconsciente, un camión que viene en nuestra dirección, cuando nos hallamos enfrascados en una conversación con el pasajero. El cerebro emocional descubre el peligro y, a continuación, centra nuestra atención hasta que el peligro desaparece.

También es él el que interrumpe la conversación entre dos hombres en la terraza de una cafetería cuando en su campo de visión irrumpe una seductora minifalda. Y también es él el que silencia a los padres en un parque cuando perciben por el rabillo del ojo que un perro desconocido se acerca a su hijo.

El equipo de Patricia Goldman-Rakic, de la Universidad de Yale, ha demostrado que el cerebro emocional tiene la capacidad de “desconectar” el córtex anterior, la parte más avanzada del cerebro cognitivo. 

Bajo el efecto de un estrés importante, el córtex anterior deja de responder y pierde la capacidad de guiar el comportamiento. De repente, los que toman la iniciativa son los reflejos y las acciones instintivas. Más rápidos y cercanos a nuestra herencia genética, la evolución les ha dotado de prioridad en las situaciones urgentes, como si estuviesen mejor dotados para guiarnos que las reflexiones abstractas cuando lo que está en juego es la vida. 

En las condiciones de vida casi animales de nuestros antepasados, este sistema de alarma era algo esencial. Varios cientos de miles de años tras la aparición del Homo sapiens, nos sigue resultando prodigiosamente útil en la vida cotidiana.

No obstante, cuando nuestras emociones son demasiado intensas, esta preeminencia del cerebro emocional sobre el cognitivo empieza a dominar nuestro funcionamiento mental. Perdemos entonces el control del flujo de nuestros pensamientos y nos tornamos incapaces de actuar en función de nuestro mejor interés a largo plazo. 

Eso es lo que nos sucede cuando nos sentimos “irritables” tras una contrariedad, en el transcurso de una depresión, o como consecuencia de un traumatismo emocional más grave. 


Eso es también lo que explica el “temperamento demasiado sensible” de aquellas personas que ha padecido abusos físicos, sexuales, o incluso simplemente emocionales.

En la práctica médica, se pueden hallar dos ejemplos corrientes de este cortocircuito emocional. 

El primero es el que se denomina <<estado de estrés postraumático>> (EEPT): a consecuencia de un traumatismo grave –por ejemplo, una violación o un terremoto-, el cerebro emocional se comporta como un centinela leal y consciente de que se hubiera dejado sorprender. Desencadena la alarma con mayor frecuencia, como si fuese incapaz de asegurar la ausencia de todo peligro.

El segundo ejemplo corriente es el de los ataques de ansiedad, que en psiquiatría también se llaman ataques de pánico. 

El cerebro límbico toma repentinamente el control de todas las funciones del cuerpo: el corazón late a toda velocidad, el estómago se anuda, manos y piernas tiemblan, el sudor perla todo el cuerpo.

Al mismo tiempo, las funciones cognitivas son aniquiladas por la subida de adrenalina. El cerebro cognitivo no percibirá razón alguna para un estado de alarma tal, pues permanecerá “desconectado” por la adrenalina, siendo incapaz de organizar una respuesta coherente frente a la situación.

Las personas que han padecido ataques de este tipo lo describen muy bien: “Mi cerebro estaba como vacío; no podía pensar. Las únicas palabras de las que era consciente eran: “Estás a punto de morir; llama a una ambulancia. ¡Deprisa!”.

Por el contrario, el cerebro cognitivo controla la atención consciente, la capacidad de atemperar las reacciones emocionales antes de que se tornen desproporcionadas. Esta regulación de las emociones por parte del cognitivo nos libera de lo que podría ser una tiranía de las emociones y una vida totalmente dirigida por instintos y reflejos.

Pero la cuchilla del control cognitivo de las emociones tienen dos filos: si se utiliza demasiado puede acabar perdiéndose el contacto con las llamadas de socorro del cerebro emocional. 



Pueden apreciarse los efectos de esta supresión excesiva en las personas que han aprendido, de niños, que sus emociones no eran aceptables, siendo el cliché por excelencia en la materia la exhortación tantas veces escuchada entre hombres: <<Los chicos no lloran>>.

Un control exagerando de las emociones también puede dar paso a un temperamento no suficientemente sensible.

Un cerebro que no deja que la información emocional desempeñe su papel se enfrenta a otros problemas. Por una parte resulta mucho más difícil tomar decisiones porque no se siente preferencia alguna “en el fuero interno”, es decir, en el corazón y el vientre, las partes del cuerpo que ofrecen un eco “visceral” a las emociones. 

Por esta razón se ve a los intelectuales un poco demasiado “dotados”- a menudo hombres- perderse en consideraciones infinitas de detalles cuando se trata de elegir entre dos coches, por ejemplo, o incluso entre dos cámaras fotográficas.

La separación entre el cerebro cognitivo y el cerebro emocional comporta una capacidad extraordinaria para no percibir las pequeñas señales de alarma de nuestro sistema límbico.

Siempre encontramos buenas razones para encerrarnos en un matrimonio o en una profesión que en realidad nos hacen sufrir, violentando a diario nuestros valores más profundos. Pero eso no se arregla haciendo oídos sordos a una desazón subyacente. 

Como el cuerpo es el principal campo de acción del cerebro emocional, este callejón sin salido se traduce en problemas físicos. Los síntomas son las clásicas enfermedades del estrés: la fatiga inexplicable, la hipertensión arterial, los catarros y otras infecciones repetitivas, las enfermedades cardíacas, los trastornos intestinales y los problemas de la piel. 

Investigadores de Berkeley han llegado incluso a sugerir hace poco que lo que más pesa sobre nuestro corazón y arterias es la supresión de las emociones negativas por parte del cerebro cognitivo, y no las emociones negativas en sí mismas.

Para vivir en armonía en la sociedad humana hay que alcanzar y mantener un equilibrio entre nuestras reacciones emocionales inmediatas –instintivas- y las respuestas racionales que preservan los vínculos sociales a largo plazo.



La inteligencia emocional se expresa al máximo cuando los dos sistemas del cerebro –el cortical y el límbico- cooperan en todo momento.

En este estado, los pensamientos, decisiones y gestos, se ajustan y fluyen de manera natural, sin que prestemos una atención particular.

En este estado, sabemos qué elección tomar en cada instante, y vamos en pos de nuestros objetivos sin esfuerzo con una concentración natural, porque nuestras acciones están en línea con nuestros valores.

Este estado de bienestar es a lo que aspiramos continuamente: 

la manifestación de la armonía perfecta entre el cerebro emocional, que proporciona la energía y la dirección, y el cerebro cognitivo, que organiza su ejecución.
David Servan




martes, 15 de agosto de 2017

El cuerpo del dolor (el dolor no resuelto en nuestra memoria celular)


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“Si creemos en pensamiento negativo, activamos el patrón o hábito emocional correspondiente.

Ese patrón en acción genera resonancias, que electromagnéticamente atraen mas de las mismas frecuencias.

Cuanto mas experimentamos una resonancia, mas células participan de ella y mas fuerte se hacen las cadenas neuronales.

Cuanto mas fuerte esas cadenas son, mas nos creemos que somos lo que no somos (la mascara o imagen de si)

Y cuanto mas creemos que somos lo que no somos, mas cuerpo del dolor es creado.” (el termino cuerpo de dolor, es utilizado por E. Tolle) 

·         La “ IMAGEN DE SI” es una reacción a las “heridas” sufridas en el pasado.
·         La “IMAGEN DE SI” es simplemente una imagen ·         No es Real. Nunca fue Real y nunca lo será
·         “Ego”, “yo inferior”, “falsa personalidad”, “falso yo” o “máscara”, son otros nombres que se usan para definir el mismo concepto.
·         Da igual que sea una imagen positiva o negativa, sigue siendo imagen, la positiva es mas fácil a veces para la vida, pero no deja de ser una imagen, que no garantiza felicidad, etc.

El no ser real, el no estar en contacto con el centro que somos, que éramos cuando pequeños y luego nos fuimos desconectando por educación o por traumas, dolor… el no se real, nos genera un profundo sentimiento de auto traición  que se traduce en dolor físico y/o emocional. Y esto es muy difícil de perdonar, cuando no somos reales, algo en nosotros esta en constante sufrimiento.

El dolor de “no ser  real”, se experimenta como una contracción en el campo energético que llamamos “cuerpo de dolor o pain-body”.
Hay dos fuentes del cuerpo de dolor, una es la que es creada ahora en el presente por la resistencia a “lo que es”, y el dolor acumulado en la memoria celular generado por las heridas pasadas

Pelear con la vida, resistirla, es una locura, nunca le ganamos… las cosas deberían ser diferentes, eso crea mas cuerpo de dolor y miseria emocional y física.
El cuerpo de dolor es parte de la condición humana, no lo tomes como personal! Es el residuo energético que queda después de una situación traumática o dolorosa. Es el resultante de la acumulación de haber resistido “lo que sucedió”.

Podemos reconocerlo cuando algo insignificante se dispara una reacción desproporcionada o algo que “no debería haber pasado” sucede o alguien dice algo que no nos gusta.
“El cuerpo del dolor es nuestra Energía vital contraída. No esta fluyendo libremente, esta estancada como en el dique de un rio. La presión se acumula y el dolor aumenta”.

“En la mayoría de las personas, la energía vital se encuentra atrapada en el cuerpo de dolor, asi no puede fluir. La vitalidad es absorbida asi como un agujero negro chupa toda la luz”
Los diferentes países y razas tienen su cuerpo del dolor también. La gente que viven en ellos comparten lo que se denomina un “cuerpo dolor colectivo”.

El cuerpo del dolor aumenta cuando mas tratamos de evitar sentir lo que sentimos. En otras palabras, cuando nos mentimos y tratamos de vivir otra cosa que lo que en realidad esta sucediendo, nos contamos historias, culpamos a otros, justificamos lo que esta pasando, no nos responsabilizamos de lo que esta pasando.

Síntomas  del cuerpo de dolor son diferentes según las personas:
Generalmente se manifiesta como una sensación de turbulencia, o una contracción, o la sensación de un agujero en el estómago, un vacío en el plexo solar, mareo, nauseas o una sensación de amenaza pendiente o irritabilidad, etc.


Resultado de imagen de dolor en el cuerpo

El cuerpo de dolor puede ser “activo o pasivo”. En algunas personas, nunca esta pasivo, esta siempre activo. Ej. ella esta siempre triste o ella se enoja fácilmente.
El cuerpo de dolor puede aparecer “tímido (victima, no sirvo para nada…) o ser agresivo”. Ej. pobrecito de mi, no valgo para nada o “sabes quien soy yo, ni se te ocurra hacerme eso!!”
El estado de pánico es la acumulación de miedo, el miedo es la acumulación de ansiedad, eso que llamamos ansiedad un poco nervioso, hay miedo ahi.

 El cuerpo de dolor necesita salir para alimentarse periódicamente, es importante observar en la propia vida. El tiempo que se toma varia de persona a persona. Observar los ciclos para que se dispare… 
Ej. llego a casa, me deprimo, me tomo tres cervezas, el cuerpo de dolor espero hasta la noche para dispararse, alimentarse. Otro ejemplo, los enojos en pareja, donde se pelean sistemáticamente cada cierto tiempo, una vez por semana, por mes, etc.

Cuando el cuerpo del dolor esta a punto de entrar en acción, tratara de provocar la reacción de la persona con la que estamos involucrados en el momento. Generalmente con aquellos que son más íntimos, como familiares, amantes, amigos cercanos o compañeros de trabajo.
El cuerpo de dolor ama y disfruta del Drama. Lamentablemente, esta es una parte muy importante en la mayoría de las relaciones humanas. Cuando el Drama se desata, nuestra mente  que ya se ha alineado con el Cuerpo de Dolor, tratara de encontrar cualquier excusa para aumentar y complicar la discusión o la situación en la que nos encontramos, esa es la manera en que el cuerpo del dolor come y se nutre..

“Cuando el cuerpo del dolor se esta alimentando toma posesión de la mente creando pensamientos destructivos, ensayando conversaciones o disputas con aquellos que tenemos problemas, armando estrategias o vaticinando lo que va  a pasar.”
El cuerpo de dolor es adictivo. Cuando toma el control de la situación, lo último que nosotros queremos experimentar es paz. Solo queremos sufrir mas. (todo esto es inconsciente..)
El cuerpo de dolor se alimenta de las reacciones de los demás.
Es totalmente mecánico, la conciencia del cuerpo de dolor es totalmente mecánica y responde a la programación, o sea que lo único que hace es activar las cadenas neuronales que se formaron cuando eramos pequeños.
El cuerpo de dolor es adictivo y necesita más dolor para poder sobrevivir y crecer. Si lo consideramos como a una entidad invisible con existencia propia, vamos a tener una idea mas clara de lo que es.
Lo que lo mantiene fuerte y creciendo, es la repetición inconsciente de los hábitos emocionales que alimentan la Imagen de Si.


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En realidad cada vez que el cuerpo de dolor se activa, es una oportunidad de sanación, de transformación. O sea que lo que es real en nosotros, el ser quiere recuperar esa energía original, entonces se activa ese dolor tan antiguo, quizá 40 años atrás…para que se transforme, pero hasta que no sabemos como transformar, lo que hacemos es generar mas y guardarlo de nuevo, es como vomitar y tragarse lo que se vomita.. nunca se llega a transformar.
El reconocimiento de la existencia y actividad del cuerpo del dolor es el primer paso en el proceso de su transformación y cura.

La observación y aceptación de este fenómeno energético en nosotros, produce la separación gradual de las conexiones que él tiene con nuestra mente. 

Cuando hacemos esto, lo único que queda es una sensación incomoda (contricción, pesadez, etc.) en nuestro cuerpo. No hay que agregarle actividad mental, que es la que lo formo, no hay que darle fuerza, sino observar y permitir sentirlo.
El  cuerpo del dolor no es nuestro enemigo. Si tratamos de pelear o de sacárnoslo de encima, nuestra situación se volver mucho peor. Simplemente tenemos que observarlo, aceptando el dolor que esta allí de momento, no es un enemigo, es partes mías que están en contracción, el aceptarlo, es algo que la mente no puede soportar.  Hacer el viaje de transformación del cuerpo de  dolor, requiere coraje, determinación y consistencia.

Cuando más fuerte es el cuerpo de dolor, más fuerte es la motivación de transformarlo.

El karma o en otras palabras la repetición de viejas formas o patrones, se disuelve  cuando el cuerpo del dolor es transformado. Una vez que las contracciones ya no están mas, no es necesario repetir el patrón.


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lunes, 10 de julio de 2017

Creencias y biologia

                          
                                

Los pensamientos positivos por sí solos no logran la curación física en todos los casos.

Se necesita algo más que «pensamientos positivos» para mantener el control de tu cuerpo y de tu vida.

Es importante para tu salud y tu bienestar que cambies tu forma de pensar y te concentres en los pensamientos vitales y positivos, además de eliminar los siempre presentes y extenuantes pensamientos negativos.
Pero, el mero hecho de pensar en positivo no tiene por qué provocar un cambio en nuestras vidas.

De hecho, en ocasiones la gente que «fracasa» a la hora de tener pensamientos positivos se vuelve más débil, ya que cree que su situación es irremediable: cree que ya ha agotado todos los remedios mentales y físicos.

Hay que comprender que la parte consciente y la parte subconsciente de la mente, son independientes.

La mente subconsciente, procesa alrededor de veinte millones de estímulos por segundo (frente a los cuarenta que interpreta la mente consciente en ese mismo tiempo)

La mente consciente es la creativa, la que puede conjurar los «pensamientos positivos».

Por el contrario, El subconsciente, es uno de los procesadores de información más poderosos que se conocen, examina con detenimiento el mundo que nos rodea y las señales internas; percibe las condiciones del entorno y reacciona de forma inmediata seleccionando un comportamiento previamente (aprendido) y todo sin la ayuda, la supervisión o siquiera la conciencia de la mente consciente.

La mente subconsciente es estrictamente maquinal; repite las mismas respuestas a las señales vitales una y otra vez.

¿Cuántas veces has montado en cólera por algo tan nimio como encontrarte un tubo de pasta de dientes abierto?

Aprendiste desde niño a poner el tapón con mucho cuidado. Cuando encuentras el tubo de pasta abierto, se te «cruzan los cables» y montas en cólera de forma automática. No es más que una sencilla reacción estímulo-respuesta del programa de comportamiento almacenado en el subconsciente.

En lo que se refiere a la capacidad de procesamiento neuronal, la mente subconsciente es millones de veces más poderosa que la consciente.

Si los deseos de ésta entran en conflicto con la programación del subconsciente, ¿cuál de las dos crees que ganará?

Puedes repetir una y otra vez la afirmación positiva de que eres encantador o que tu cáncer remitirá.

Pero si de niño escuchaste una y otra vez que no sirves para nada y que estás enfermo, esos mensajes programados en el subconsciente socavarán tus mejores esfuerzos conscientes por cambiar tu vida.

Las conductas o comportamientos reflejos pueden ser tan simples como el hecho de estirar la pierna cuando te dan golpecitos con un martillo en la rodilla o tan complejos como conducir un coche, te metes en el coche, lo pones en marcha y revisas sin darte cuenta la lista de la compra mientras el subconsciente se encarga de activar todas las complejas habilidades necesarias para conducir sin problemas por la ciudad, sin que tengas que pensar ni una vez en cómo se conduce.

Conduces mientras mantienes una conversación con la persona que se sienta a tu lado y estás tan absorto en la charla que en algún punto de la carretera te das cuenta de que llevas cinco minutos sin prestarle atención a la conducción.

Si tú no estabas conduciendo el coche durante ese lapso de tiempo, ¿quién lo hacía? ¡La mente subconsciente! Aunque tú no estuvieras pendiente, el subconsciente ha conducido tal y como le enseñaron a hacerlo durante las clases de conducción.

Aunque las respuestas condicionadas pueden ser particularmente complejas, son «descerebradas».

Durante el proceso de aprendizaje condicionado, las rutas neurales establecidas entre los estímulos y las respuestas se estructuran para asegurar un patrón repetitivo. Estas rutas son los «hábitos».

Los humanos y cierto número de mamíferos superiores han desarrollado una región especializada del cerebro asociada con el pensamiento, la planificación y la toma de decisiones llamada corteza prefrontal.

Esta región del cerebro es en apariencia el asiento de la mente consciente es un «órgano sensorial» de evolución reciente que observa nuestros comportamientos y emociones.

La mente consciente también tiene acceso a la mayor parte de los datos almacenados en nuestro banco de memoria a largo plazo.

Éste es un rasgo importantísimo, ya que nos permite considerar la historia de nuestra vida cuando planeamos nuestro futuro de forma consciente.

Con esta habilidad de ser autorefleja, la mente consciente puede observar y programar nuestros comportamientos, evaluados y decidir cambiar la programación de forma deliberada. Podemos decidir cómo reaccionar a la mayor parte de las señales del entorno, incluso si queremos reaccionar o no.

La capacidad de la mente consciente de obviar la programación del subconsciente, es la base del libre albedrío.

No obstante, hay que prestar mucha atención, ya que en caso contrario la programación subconsciente toma las riendas; es una tarea difícil, como puede atestiguar cualquiera que haya puesto a prueba alguna vez su fuerza de voluntad. La programación subconsciente se hace con el control en el momento en que la mente consciente se descuida.

La mente subconsciente funciona mediante el estímulo-respuesta; no existe en esa parte de la «maquinaria» “algo” que reflexione sobre los resultados a largo plazo de los programas que ponemos en marcha.

La capacidad del cerebro humano para «aprender» ideas es tan avanzada que no necesitamos una experiencia directa, podemos adquirirlas de forma indirecta a través de maestros.

Una vez que aceptamos las ideas de otros como «verdades», dichas ideas se graban en nuestro cerebro y se convierten en nuestras «verdades».

Aquí es donde surge el problema: ¿qué ocurre si las ideas de nuestros maestros no son acertadas?
En esos casos, los cerebros se llenan de ideas erróneas.

El subconsciente funciona sólo en el «ahora». En consecuencia, los conceptos erróneos de nuestro subconsciente no son «monitorizados» y suelen llevarnos a comportamientos desacertados y coartados.

Sí, los conceptos «controlan» la biología, pero, como ya hemos visto, estos conceptos pueden ser ciertos o falsos. Así pues, deberíamos ser más precisos y referimos a estas ideas como «creencias».

¡Las creencias controlan la biología!

Un ejemplo muy conocido de como una creencia afecta a nuestra biologia es el efecto placebo.

Todos los estudiantes de medicina saben, que la mente puede afectar al cuerpo. Saben que algunas personas mejoran cuando creen (de forma equivocada) que están recibiendo un tratamiento médico.

Cuando los pacientes mejoran tras recibir una pastilla de azúcar, la medicina lo define como «efecto placebo», el «efecto de las creencias», es un testimonio extraordinario de la capacidad de sanación de la unión cuerpo-mente.

Cuando la mente mejora la salud mediante la sugestión positiva, se le denomina efecto placebo. Por el contrario, cuando esa misma mente está llena de pensamientos negativos que pueden deteriorar la salud, los efectos negativos producidos se conocen como «efecto nocebo».

En medicina, el efecto nocebo puede ser tan poderoso como el efecto placebo, algo que deberías tener muy en cuenta cada vez que entres en la consulta de un médico. Los médicos y terapeutas pueden enviar mensajes desesperanzadores a sus pacientes con sus palabras o sus gestos, también las creencias que pueda tener el paciente sobre el diagnostico medico que está recibiendo, pueden ser decisivas, si recibimos un diagnostico de cáncer y nuestro subconsciente tiene la programación cáncer = muerte, “ automáticamente se genera una sentencia, “me voy a morir” y esta creencia instalada en el subconsciente, va a invalidar todos los esfuerzos conscientes de sanación.

Los problemáticos casos de efecto nocebo sugieren que los Médicos, los padres, los profesores, etc., pueden robarte la esperanza haciéndote creer que no puedes hacer nada.


Tanto si crees que puedes como si crees que no puedes … tienes razón. (Henry Ford.)
Tus creencias actúan como los filtros de una cámara, cambiando la forma en la que ves el mundo. Y tu biología se adapta a esas creencias.

Cuando reconozcamos de una vez por todas que nuestras creencias son así de poderosas, estaremos en posesión de la llave a la libertad.

Tus creencias se convierten en tus pensamientos, tus pensamientos se convierten en tus palabras, tus palabras se convierten en tus actos, tus actos se convierten en tus hábitos, tus hábitos se convierten en tus valores, tus valores se convierten en tu destino.

La biologia de la creencia
Bruce Lipton.








lunes, 19 de junio de 2017

El Poder de las Creencias





¿Alguna vez te has preguntado por qué en muchas áreas de la vida vivimos por debajo de nuestras verdaderas posibilidades?, ¿o por qué repetimos una y otra vez las mismas historias?

Nuestras conductas están teñidas por las creencias que subyacen en nuestro subconsciente y, en realidad, son las que determinan muchas de las capacidades y conductas que solemos atribuirle al azar.

Es necesario identificar estas creencias, muchas de las cuales derivan en miedos ocultos, silenciosos, que, boicotean nuestros esfuerzos, debilitan nuestra voluntad y hasta nos paralizan a la hora de actuar y tomar decisiones. 


Conoces el método de Lair Riveiro para amaestrar pulgas?: 

primero se encierra a la pulga en un frasco, la pulga intentará salir saltando repetidas veces; al cabo de muchos intentos, ya no intentará salir del frasco. Y no lo hará porque “cree” que no puede.

Si en tu vida padeces una limitación y te hace “tropezar varias veces con la misma piedra”, y te resignas creyendo que no puedes cambiar los resultados, podrías pensar que gran parte del problema es que estás influenciado por tu manera de ver los acontecimientos, y te has olvidado que tu capacidad de salto, es más extraordinaria de lo que te imaginas. 
                             
En la India, para amaestrar a un elefante, cuando es bebé se lo ata con una cuerda pequeña a una planta durante varias semanas. Cuando el elefante crece, se le ata con una cuerda similar a la original, y este no podrá escapar, porque “cree que no puede”.


Las creencias son programas inconscientes, o sea que funcionan sin que nos demos cuenta.

  • Forman una pantalla entre el mundo exterior, los sucesos y nosotros mismos. Son representaciones de la realidad que muchas veces tendemos a confundir con la realidad misma… pero que al avanzar en el camino, hemos olvidado su origen… 
  • A diferencia de los pensamientos, que forman activamente palabras o imágenes, la creencia actúa de manera pasiva y silenciosa. 
  • Las creencias perpetúan el sufrimiento pasado, la persona queda marcada, modelada en su comportamiento, sus pensamientos o sus emociones, traumatizada a veces, por un acontecimiento muy antiguo, ello sobrevive y se repite ahora aunque el acontecimiento, el drama, la dificultad, sucedió hace muchos años atrás….es repetir para no olvidar, esto es lo que algunos llaman aprendizaje. 
  • Nuestras limitaciones personales responden a creencias limitantes. 
Si alguien por ejemplo, se cree que no merece recibir amor, se sentirá carente por más que lo quieran, porque su creencia lo hará enfocar su atención en cualquier detalle que confirme que nadie lo quiere. 

Incluso si alguien lo amara de un modo evidente, esta persona no llegaría a confiar por completo de ese amor, es más como las creencias generan actitudes, es probable que esta persona actúe, aunque sea inconscientemente, de manera que provoque el rechazo de los demás, para así alimentar su creencia original, con el tiempo conseguirá eso en lo que está enfocado: el rechazo. 
  • Si la creencia es tóxica, genera pensamientos negativos, que irán acompañados por imágenes y emociones negativas. Así una creencia negativa nos hace entrar en un círculo de acción y reacción. 
  • Hay creencias que abren, que potencian, son generativas y hay otras creencias que son limitativas, que aunque sean frecuentemente trabas terribles y la fuente de numerosos conflictos, estamos tan atados a ellas, porque son para nosotros un modo de controlar las cosas, de organizar el mundo exterior, de racionalizar. Incluso nos permiten a veces resolver la angustia del vacío. 
  • Las creencias son vinculadas al sentido de la vida, de los acontecimientos. Si se tiene una creencia, por ejemplo de que tal persona está enferma porque cometió un pecado, o si es su karma, o que su sufrimiento sirve al grupo, etc.… esta creencia alivia.Así, las creencias representan una adaptación al entorno que nos permite estar vinculado con él, pero que al mismo tiempo nos aísla. Ya no vemos el entorno sino nuestras creencias. 
  • Nuestras creencias se manifiestan en diferentes actitudes, aptitudes y comportamientos ante la vida, en los diferentes síntomas y enfermedades; simplemente observando cómo es la vida y el desarrollo de la persona y cuáles son sus dificultades o éxitos habituales en la consecución de sus objetivos proyectados, podemos descifrar cuales son las creencias que tienen integradas y que por supuesto funcionan de manera automática e inconsciente. 
  • Somos esclavos de nuestras creencias inconscientes, constantemente, porque casi nunca reflexionamos conscientemente sobre ellas. Son para nosotros unas evidencias. 
  • Estamos tan atados a nuestras creencias porque en nuestra infancia, nos ayudaron, y hemos construido nuestra vida encima de ellas. 

Volver a plantear nuestras creencias, significa replantearnos todo un período de nuestra existencia, el modo en el cual hemos vivido, incluso sobrevivido, de alguna manera nos sentimos seguros con ellas, tienen un beneficio secundario. 


Nuestras creencias nos conducen a volver a sentir ciertas emociones y a adoptar conductas congruentes a ellas, porque solemos cometer una serie de errores que nos parecen lógicos en el razonamiento (según las terapias de comportamiento y cognitivas):

- Sobregeneralización: sacar conclusiones generales y globales después de un acontecimiento. Ej. Saque una mala nota en un examen, “todo me sale mal”

- Minimización y maximización: minimizar los puntos positivos y maximizar, exagerar los negativos. Ej. tuve éxito en mi examen, pero fue un golpe de suerte. Ej. se me quemo la comida, soy una mala madre, no van a quererme. 

- La Inferencia arbitraria: Sacar conclusiones sin pruebas. Ej. estoy deprimida porque me falta voluntad. Ej. mi hija no me llamo el dia de la madre lo cual indica que le importo muy poco.

- La abstracción selectiva: juzgar una situación basándonos en un solo aspecto, descartando los demás. Ej. me saque una mala calificación, soy un mal alumno. 

- El razonamiento o todo o nada: no hay matices grises, todo es o blanco o negro. Ej. amar es dar todo, si no se da todo es que no se ama.

- La personalización: atribuirse la responsabilidad de situaciones que no nos conciernen en forma directa, sentirnos responsables de las desgracias del mundo. 
Ej. si fuera buena madre, a mi hija no le iría mal en la escuela.

En el campo psicológico, todos estamos sostenidos, dirigidos por nuestras creencias.

Solemos hacer elecciones respondiendo a un cierto número de valores que están estrechamente ligados a nuestras creencias fundamentales.
Ej. si tengo la creencia que tal virus me va a producir la enfermedad y alguien cercano lo tiene, y tengo como valor la seguridad y la salud, entonces podría llegar a sentirme muy mal.

El conocer nuestros valores/necesidades fundamentales, es de gran importancia, pues detrás de cada queja o lamento se esconde una creencia relacionada con un valor/necesidad que busca ser satisfecho.



Si quieres profundizar en tu autoconocimiento, ser consciente de las creencias que te limitan y mueven estados emocionales en tu dia a dia, y poder cambiarlas,  como así también aprender a gestionar tu mundo emocional,  te ofrezco varias opciones:

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Juana Ma. Martínez Camacho

Terapeuta Transpersonal
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Especialista en Bioneuroemoción
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sábado, 22 de abril de 2017

El experto y sabio inconsciente



A menudo, no somos conscientes de las razones y las causas de nuestro propio comportamiento. John Bargh

El antiguo inconsciente, al que nos acostumbró Freud, era oscuro y estaba limitado a funciones accesorias de nuestro comportamiento. El nuevo inconsciente, el que nos descubre la ciencia de hoy, es nuestro mejor aliado a todas horas. Eduardo Punset discute con el psicólogo John Bargh sobre el nuevo inconsciente, y nos revela lo lejos que estamos de conocer las verdaderas razones de nuestro actos.







sábado, 4 de marzo de 2017

Enfermedad y Transformación Consciente

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Cuando la oruga ha comido lo suficiente, busca un lugar seguro, teje un capullo y se encierra en él. Luego muda su piel externa y segrega una cubierta más fuerte y gruesa, permanece en este estado de crisálida sin comer, sin excretar, sin moverse, y en ese capullo ocurre un proceso de transformación por el cual muere la mayor parte del cuerpo viejo de la oruga. 
Se liberan unas enzimas que digieren el tejido de la oruga, o sea que se digiere a sí misma, pero no todo el tejido es destruido, quedan algunos grupos de células que hasta ese momento estaban “dormidas” y que ahora comienzan a crecer de nuevo supervisando la construcción del nuevo cuerpo con los jugos digestivos del viejo cuerpo de la larva. Unas células serán el ala, otras formarán las patas, antenas, y demás órganos de la mariposa adulta. 
Emergerá una criatura nueva, que ya no tendrá que arrastrarse para comer, ahora la mariposa con sus hermosas alas puede experimentar la vida de una manera que la oruga “nunca hubiera podido imaginar”, y todo gracias a la muerte de la criatura anterior.

Esto podemos compararlo a la vida misma, refleja hasta qué punto la vida es un proceso de transformación en el que todos los acontecimientos fluyen de forma permanente y de cómo cada cosa que nos sucede tiene un significado, un porqué, aunque no logremos verlo.

Esto lo confirma nuestro propio cuerpo, en el que cada cierto tiempo se regeneran sus células hasta el punto de que cada siete años todo el organismo es prácticamente nuevo. Vemos como cambian con los años nuestro carácter, nuestras formas de pensar o nuestras actitudes.

Pero hay un aspecto que nos cuesta mucho más modificar: las creencias. Y es que por lo general, las creencias están  tan profundamente arraigadas en nosotros, que  cuando alguien las pone en entredicho, se produce casi siempre una fuerte resistencia. Esta resistencia es una de las mayores dificultades del ser humano para crecer interiormente.


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Y es que no somos conscientes de la tremenda programación a la que hemos sido sometidos desde que nacimos, primero por nuestros padres y familiares cercanos, luego por los maestros en la escuela, el ambiente y la sociedad en la que hemos vivido. De tal manera que las respuestas que damos ahora, como seres adultos, están condicionadas por todo esa carga de creencias impuestas.

Estas creencias están tan arraigadas, que condicionan nuestra visión de las cosas, nuestros gustos, nuestras percepciones emocionales y psicológicas, y, en suma, nuestra personalidad. Sin embargo, es sólo confrontando nuestras creencias con otras, replanteándonos lo que siempre hemos creído, como podemos avanzar, como podemos percibir otras realidades, como podemos evolucionar y crecer como personas. Única forma de poder realizar una transformación consciente. Esta transformación supone poder elegir en todos los ámbitos, por nosotros mismos, saliéndonos del condicionamiento, de las creencias.

Y ahí encontramos la mayor dificultad, porque "creer" es asumir como ciertas las informaciones recibidas por distintas vías sobre un tema para, inmediatamente, convertirse en verdades, sin cuestionarlas.

Con lo cual, las creencias, en general, están exentas de lógica y suelen asentarse en el inconsciente colectivo hasta que son sustituidas por otras con mayor carga racional. De manera que conforman una especie de programas o esquemas mentales a través de las cuales discurren nuestros pensamientos y vemos la realidad.
Por eso cuando cambiamos el esquema mental, es decir, cuando modificamos "los programas", cambia inmediatamente la realidad de la persona. Algo de mucha importancia en el ámbito de la salud.  Porque hoy se sabe que si en vez de creer que sufrimos procesos degenerativos, creemos que nuestro cuerpo se renueva a cada instante, que hay una inteligencia innata que se ocupa de mantener la vida, que nuestras células llevan impresa la orden de supervivencia, estaremos dando a  nuestro cuerpo un mensaje de equilibrio y salud.
Y, sobre todo, no habrá en nuestro interior miedo, la emoción más nociva de todas porque influye en esa orden de supervivencia inscrita a nivel genético.

De ahí que ser conscientes de nuestros procesos físicos, emocionales y mentales redunde de inmediato en una mejoría de la salud. Así lo demostraron, entre otros, los experimentos de laboratorio realizados por el Dr. Deepak Chopra en la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston y en la Asociación de Medicina Ayurvédica de Lancaster, Massachusetts, según los cuales todas las funciones supuestamente involuntarias -regidas por el inconsciente- del cuerpo, como el latido del corazón, la respiración, la digestión, la temperatura corporal, las secreciones hormonales, etc., pueden ser también reguladas conscientemente mediante la biorrealimentación, un proceso de toma de consciencia muy sencillo basado en técnicas de meditación.


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Algo comprensible si tenemos en cuenta que si la energía mental coordina el orden electromagnético de la energía vital y ésta a su vez mantiene el orden a nivel celular, cuanta más coherencia haya en la emisión de pensamientos mayor será el aporte energético que recibirá nuestro cuerpo físico, lo cual beneficiará mucho nuestra salud.

Por el contrario, la inconsciencia puede provocar un caos o desorden energético que a la larga terminará produciendo deterioros corporales. En cambio, una vida de participación consciente los previene. Es decir, si prestamos atención a los procesos corporales en lugar de dejar que funcionen de forma automática se producirá en ellos una mejora sustancial.

Mediante ejercicios de respiración consciente comienzan a los pocos minutos a sincronizarse las ondas cerebrales, se aquieta el ritmo cardiaco y se equilibra la presión arterial.

Por otra parte, sabemos que nuestros sistemas más importantes son el endocrino, el inmunológico y el nervioso ya que son los principales controladores de nuestro cuerpo. Pues bien, las células inmunitarias y las glándulas endocrinas tienen los mismos receptores de señales cerebrales que las neuronas; es decir, son como una prolongación de nuestro cerebro que circula por todo el cuerpo. 
Lo que ha llevado a los científicos a plantearse que la consciencia ha de existir en realidad en todas las células de nuestro organismo. De hecho, está comprobado que los estados de aflicción mental se convierten en procesos bioquímicos que crean enfermedades pero también es verdad que un estado de felicidad, alegría, ilusión u optimismo es capaz de producir automáticamente las sustancias necesarias naturales para contrarrestar la enfermedad.

A fin de cuentas, la entropía -es decir, la tendencia que tienen los sistemas complejos a desorganizarse- sólo tiene lugar -en lo que al ser humano se refiere al menos- en el mundo físico. No ocurre así en el plano mental -no hablamos del cerebro, que es un órgano físico- ya que está en un nivel vibratorio superior y no sigue esa tendencia. De ahí que pueda volver a poner en orden el caos electromagnético que produce toda enfermedad.

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Ampliando nuestra conciencia

Es preciso entender que el aprendizaje del ser humano no se completa en una determinada etapa sino que es algo consustancial y no termina nunca.   En consecuencia, sólo estamos limitados por nuestro grado de consciencia, lo que implica que en la medida en que ampliemos ésta se ampliarán también nuestros propios límites.

Y es que es el desconocimiento de nosotros mismos lo que nos hace víctimas de la enfermedad, del envejecimiento y de la muerte. Por eso es tan importante revisar de manera constante todas las creencias que hemos ido acumulando a lo largo de la vida ya que a lo mejor descubrimos que pueden ser sustituidas por otras más acordes con nosotros, con la vida y con la realidad. Algo a lo que podemos acceder hoy merced a los nuevos descubrimientos de la ciencia en todos los ámbitos.

Sabemos que nuestra mente es un arma de doble filo y que tanto puede destruirnos como curarnos. Sólo depende de cómo adiestremos o condicionemos nuestros pensamientos para crear patrones mentales destructivos o constructivos. Además, de la actitud con la que afrontemos nuestros problemas de salud dependerá que ello redunde en un beneficio para nuestro crecimiento como seres en evolución o que la experiencia se limite a formar parte del sufrimiento de la inconsciencia.

Veamos pues la enfermedad como una oportunidad para descubrir aquellos aspectos de nuestra vida que no funcionan. Para ello sólo tenemos que escuchar a nuestro cuerpo cuando nos habla.