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- ¿Te pasa que a pesar de haber hecho terapias, cursos, etc., te sientes estancado?

-¿Sientes que las situaciones te superan?

- ¿Te sientes cansado, estresado, sobrecargado, y no sabes cómo gestionar tus emociones?

- ¿Estás cansado de no poder ser tú mismo, de no saber poner límites?

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sábado, 9 de diciembre de 2023

Transformar el dolor

 


Cuando uno empieza a saber cómo transformar el dolor, lo que era un “estorbo” empieza a convertirse en un regalo.

El dolor físico, la tristeza, el enojo y el temor se transforman en oportunidades de sanarnos y acceder a nuestro potencial verdadero. Esto nos da la posibilidad de despertar a un concepto más profundo de nuestro ser interno, el cual, paradójicamente quizás, necesitaba no estar del todo sano o no ser feliz para emerger con toda su elocuencia.

Para transformar el dolor necesitamos sentir el momento la incomodidad presente en nosotros. Eso se consigue sumergiéndose en ella, en lugar de luchar para alejarla. Tenemos que zambullirnos hacia el centro de la incomodidad con toda nuestra presencia y toda nuestra atención, sin analizar, sin interpretar de dónde viene, por qué viene o cuál es la razón de su existencia. (A esto se le llama: liberación del cuerpo de dolor).

Los resultados individuales de este proceso son sorprendentes, se trata de una práctica muy sencilla y fácil de llevar a cabo.


El cuerpo del dolor abarca todo lo que en nosotros se siente incómodo o doloroso física, mental o emocionalmente. Si un estímulo pequeño (un comentario, una mirada o un recuerdo) provoca en nosotros una reacción desmesurada, es señal de que el cuerpo del dolor se ha activado.

Algo “te saca de las casillas” y te conduce a un lugar de pánico, rabia o profunda e inexplicable tristeza.


En el siguiente ejercicio haremos un esbozo parcial del cuerpo del dolor:


Ejercicio

Haz una lista de las personas o cosas que “te sacan de las casillas” en diferentes áreas de tu vida.

Para cada uno de estos disparadores, responde las siguientes preguntas:

§ ¿Qué pensamientos aparecen cuando imagino esta situación?

§ ¿Qué sensaciones corporales tengo? Puedes tomar un trozo de papel y lápices de colores o marcadores y dibujar una silueta humana para representar esas sensaciones tan bien como puedas.


Ahora, responde estas preguntas:

§ Si las sensaciones tuvieran un color, ¿cuál sería?

§ Y si tuvieran peso, ¿cuán pesadas o livianas serían?

§ ¿Son frías o calientes?

§ ¿En qué parte de tu cuerpo las localizas?

§ ¿Qué otras características presentan?



¿Cómo transformar el dolor en alegría y paz?

A medida que crecemos y nos convertimos en adultos civilizados, tendemos a olvidar que debemos darle tiempo a nuestro sistema orgánico para que procese el dolor y la incomodidad de manera natural.

Cuando llegamos a la adultez nos hemos convertido en maestros en el arte de resistir el dolor o erradicarlo y, sobre todo, nos hemos olvidado de cómo transformarlo.

Si queremos recuperar el campo de energía vivo, amoroso y fresco que teníamos cuando éramos criaturas, debemos desaprender lo aprendido, desandar lo andado y establecer nuevos hábitos y nuevos modos de tratar con el dolor.


Ejercicio

§ Siente el dolor físico o la incomodidad emocional que está presente en ti en este instante. Permítelo con todo tu ser.

§ Escucha la conversación interna que está teniendo lugar. Cuando los pensamientos sobrevengan, permítelos. Observa el hábito que tiene la mente de tratar de evitar la incomodidad analizando o tejiendo una historia. Pon tu atención en el cuerpo y en sus sensaciones. Permanece con las sensaciones y los sentimientos tal cual son.

§ Observa en qué parte del cuerpo está la sensación. Permítele al cuerpo procesar esas energías, mientras tú atestiguas el proceso. Observa lo que el cuerpo hace (cualquier sensación interna o sentimiento, cualesquiera pensamientos asociados con el asunto, etc.), sin tratar de controlar nada.

§ El cuerpo del dolor suele tener varias capas profundas y gruesas de fuerza de vida contraída. Quizás experimentes oleadas de sentimientos y/o sensaciones intensos, que alternan con intervalos de calma y relajación.

§ Permite ese efecto de péndulo tantas veces como lo necesites. Podrás pasar de la incomodidad al placer. Confía en la natural inteligencia de tu cuerpo. Tú no eres ninguno de los extremos del péndulo, sino el punto muerto que permite que el péndulo sea. Tú eres lo que atestigua.

§ Todo lo anterior puede llevar de un par de minutos a media hora, o más.

§ Después de entrar en el cuerpo del dolor, procúrate un tiempo a solas para integrar la experiencia que has tenido. Puedes recostarte por un rato, en la cama o en el piso, y luego escribir en tu cuaderno de notas.



La transformación de las contracciones energéticas que llamamos dolor requiere atención y presencia.

Cuando prestamos atención a aquello que sentimos incómodo o doloroso, podemos volvernos más conscientes de las sensaciones y los sentimientos, así como de los patrones de pensamiento y las creencias que los alimentan. Entonces podremos empezar a descubrirlos.

Este proceso es extraordinariamente simple, aunque al principio puede resultarnos dificultoso, en parte por falta de ejercitación pero, sobre todo, por toda una vida de entrenamiento en juzgar, resistir y luchar con lo incómodo o doloroso. La creación del cuerpo del dolor pudo habernos llevado toda la vida, pero la transformación de esas contracciones puede producirse en un solo instante.

La vida, ese breve intervalo que media entre el nacimiento y la muerte, puede ser transitado casi por completo en el estado de ensueño y fantasía que crea la mente racional, mientras un mundo maravilloso cambia a cada instante a nuestro alrededor, aun cuando estemos distraídos repasando el pasado o tratando de predecir el futuro. Sin embargo, como la nave a la deriva se beneficia de la luz del faro, podemos experimentar en nuestro cuerpo sensaciones muy intensas si nos sacudimos, aunque sea temporalmente, el sueño en el que estamos sumergidos y salimos al encuentro del poderoso “ahora”.


Cuando experimentamos dolor físico o emocional y dirigimos nuestra atención hacia la zona de nuestro cuerpo que se activa, nos “traemos” a nosotros mismos al momento presente. Es así como el dolor nos devuelve a la vida, que siempre ocurre ahora, en este preciso instante.




¿Acaso deberíamos crear más dolor para liberarnos del sufrimiento?

No. Hay más que suficiente dolor a nuestro alrededor y en nuestras vidas. No es necesario crear todavía un poco más. 
El dolor es como un reloj despertador que suena más fuerte cuanto más queremos ignorarlo. Y, si lo silenciamos usando una de las tantas estrategias que conocemos, un tiempo después todo volverá a comenzar, y probablemente con más énfasis. 
Lo que resistes persiste y, de hecho, se intensifica.

El dolor puede ser nuestro despertador espiritual: ¡Despierta, ya! Es tiempo de levantarse y vivir una vida real!

A veces un intenso y profundo dolor puede ser un regalo y liberarnos de una vez por todas del sufrimiento.

Místicos y maestros de todas las épocas han reflexionado acerca del poder transformador del dolor, enseñando que tanto el dolor físico como el dolor emocional, pueden ser excelentes oportunidades de ponernos en contacto con lo que está vivo en nosotros y de experimentar lo que somos, al abrirnos a aquello que está más allá del cuerpo.



Ejercicio

§ Presta atención a lo que está vivo en ti y en tu cuerpo. Sin tratar de corregir ni cambiar nada, nota cualquier sensación.

§ Repara en la postura, nota si hay áreas de tensión o relajación. Reconoce si hay alguna incomodidad. Sé curioso, pon tu atención en ella y siéntela realmente. 

Ahora, pon algo de esa atención en lo siguiente:

§ ¿Qué o quién en ti está realmente experimentando lo que está siendo experimentado?

§ Sin perder la conexión con las sensaciones del cuerpo, concéntrate en esa experiencia sin cambiarla. En otras palabras, sé la experiencia de este momento. Así abordado, el cuerpo puede ser un portal hacia la realidad.

Lamentablemente, muchas enseñanzas espirituales ignoran o niegan el cuerpo, en lugar de abrazar la vida que allí se desarrolla. Y, la lucha acarrea resistencia, y esta arrastra más y más sufrimiento, haciéndolo perdurable.

El dolor es una señal de alerta acerca de un fenómeno más profundo. Tenemos que escuchar lo que tiene para decir y enseñarnos.




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Juana María Martínez Camacho

Terapeuta Transpersonal
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Formación Internacional en Psiconeuroinmunoendocrinología
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Especialista en técnicas de reducción del estrés (Mindfulness- Meditación-
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martes, 5 de diciembre de 2023

La Memoria en las células


La mayor parte de los desequilibrios físicos y psicológicos que experimentamos, se originan por los pensamientos inconscientes y sentimientos que no hemos expresado, que luego dan lugar a contracciones energéticas, que producen dolencias, perturbaciones.

Conectándonos con el cuerpo y permitiéndonos sentir, podemos ir trascendiendo las distintas capas de dolor, transformándolas en bienestar y paz, que es nuestra resonancia original, a este proceso se le llama Liberación de la memoria celular o CMR (Luis Diaz)

- Todo en el universo es información y energía, mas densa (lo que denominamos sólido), o mas sutil.

Como dice la física cuántica, todo objeto creado es una madeja energética conformada en gran parte por espacio vacío y por partículas cuyo estado no se puede determinar, ya que están entrando y saliendo continuamente del estado de existencia.

Todos nacemos con una resonancia de gozo, amor y libertad, a lo que se le llama cuerpo de luz, no tenemos nada que esconder ni de qué avergonzarnos. Pero esta resonancia es muy maleable a los estímulos del exterior, del ambiente en el que nos criamos, de las experiencias por las que vamos pasando…

Ya desde que el bebe está en el vientre, experimenta lo que siente la madre, por que está en el campo energético de ella, aquí se comienzan a improntar los primeros patrones emocionales y comportamientos, que luego desarrollará al crecer.

Al nacer, el bebe sufre la primera separación, espera seguir recibiendo la protección, calidez, seguridad del vientre de la mama, pero no es así, de todas maneras, sigue permeable a recibir y confía en que todo estará bien, aunque es evidente que nunca va a ser como cuando estaba en el vientre materno.

A través de la experiencia de separación vivida a diario, el bebé “aprende” que ser permeable y abierto, ser vulnerable, es doloroso, y que es mejor “cerrarse” para protegerse, tiene que pretender que no siente lo que siente o aun que siente lo que no siente. O sea que deja de ser auténtico y comienza a actuar y se convierte en un niño que empieza a decir sí cuando quiere decir no, y no cuando quiere decir si. Sin darse cuenta, comienza a construirse una máscara que se hace más espesa y densa con el correr de los años. Es así como el cuerpo de luz expandido y confiado comienza a contraerse. Y esas contracciones conforman un campo energético denominado cuerpo de dolor, que se siente incómodo y doloroso.

Los seres humanos, generalmente, buscamos sentirnos felices, amorosos, creativos, libres, en paz. Queremos relaciones íntimas deliciosas, donde crecer juntos y dar y recibir en forma incondicional. En realidad, sin darnos cuenta, estamos tratando de revivir nuestras primeras experiencias intrauterinas de amor y placer incondicionales que son nuestro derecho, por el mero hecho de haber sido creados. Y a pesar de que ése es nuestro derecho tenemos un miedo muy profundo a ser vulnerables... Porque cuando hemos sido inocentes y confiados, hemos sufrido mucho, y a pesar de que la máscara no se siente confortable y no me deja ser quien soy en realidad, me sirvo de ella para protegerme de un dolor tan profundo como aquél.

Pero ocurre que el no ser auténticos nos genera un profundo sentimiento de autotraición que causa el dolor físico, emocional y espiritual que sentimos. Ese dolor se experimenta como una contracción energética en nuestro campo electromagnético, que conforma el cuerpo del dolor





¿Qué es la memoria celular?

Las memorias no sólo son almacenadas en el cerebro, sino también en la red psicosomática que se extiende por todo el cuerpo, a lo largo de las conexiones entre los órganos y hasta la superficie de nuestra piel. - Candace Pert

En cada célula, está grabada toda nuestra historia genética, nuestra historia individual, y las memorias de las experiencias del alma; de las experiencias de nuestros antepasados; de la información proveniente de la cultura en que nos educamos.

En la memoria celular están almacenados todos los patrones conscientes e inconscientes de las conductas improductivas que no nos permiten están plenos y en paz con nosotros mismos.

Las heridas dolorosas del pasado no sanadas, limitan ahora nuestra vida, nuestra libertad y pueden producirnos enfermedades.

Puntos importantes:

§ Todo nuestro ser es como un holograma inteligente, integrado e individual.

§ Estamos diseñados por info-energia (luz y sonido-según la física cuántica) Y Cada punto del holograma celular contiene la información completa del todo, por lo que el cuerpo podrá curarse si también son curados la mente y el espíritu. Para que haya una transformación, debe trabajarse de manera integrada.

§ En esencia, todas las células son lo mismo, luego es que se especializan en diferentes funciones.

§ La mayor parte de nuestro funcionamiento es inconsciente (del 95% al 98%), como si de un iceberg se tratara, donde la parte consciente se corresponde con la parte que se ve, y la inconsciente con la oculta, esta es la que nos hace vivir lo que vivimos sin darnos cuenta (ahí están los programas que nos hacen funcionar).

§ El dar y recibir amor es la base de la salud para nuestras células, hemos sido diseñados para nutrirnos y vivir desde el amor incondicional.



Esta es la dinámica celular:

En el cerebro, el hipotálamo se encarga de sintetizar las proteínas, denominadas neuropéptidos, estas son liberadas en el torrente sanguíneo cada vez que un estado emocional se dispara.

Cada estado emocional produce una especie diferente de neuropéptidos; éstos viajan rápidamente por el torrente sanguíneo hasta encontrarse con las células que tienen los receptores adecuados para ellos. Nuestras células tienen cierta cantidad de receptores disponibles para ciertos neuropéptidos. Por ejemplo, si una persona suele vivir con frecuencia estados de tristeza, sus receptores celulares estarán inundados por estos péptidos, no pudiendo estar disponibles para recibir los neuropéptidos originados por estados de alegría…. Nos tornamos adictos a los estados emocionales…

Al estar las células bombardeadas a diario y de manera inconsciente por las emociones generadas por patrones de pensamiento y creencias que producen contracciones (enojo, miedo, tristeza, culpa, vergüenza, etc.), habrá cada vez menor cantidad de receptores disponibles para las funciones de asimilación, nutrición, limpieza y curación.

Literalmente, el amor es lo que da a las células su fuerza vital; la ausencia de amor resulta un drenaje para nuestra vitalidad y nuestra salud.

§ Las células están naciendo, creciendo y muriendo constantemente, reflejando a la perfección cómo funciona el universo: cambiando sin pausa, transformando y re-generando. De manera que podemos fluir con los cambios que el universo pone en nuestra vida o, por el contrario, resistirlos. Lo que se resiste, persiste y contrae las células.

La actitud de aceptación produce paz interna y externa, produce un profundo efecto de sanación, afectando profundamente a las células, que enseguida actualizan la información contenida en todos los archivos físicos, mentales, emocionales y espirituales. Entonces, toda aquella información que resulta inútil o innecesaria es removida de la memoria celular, para ser reemplazada por nuevas formas de ser y de accionar

§ Las células regulan la intensidad del proceso de transformación, en ellas reside una infinita inteligencia que sabe cómo digerir y transformar todo lo que te sucede cuando no hay resonancias contractivas.

§ Toda la memoria está en el campo energético y la fuerza vital proveerá a las células de la información necesaria mientras exista la bio-computadora humana.

§ La energía se expresa en el organismo en dos polaridades, yin y yan, en todo lo positivo hay algo de negativo, y en todo lo negativo algo de positivo. Los «archivos» que contienen la carga positiva son el resultado de todas las percepciones, creencias y decisiones que nos han ayudado y apoyado en la vida hasta el momento actual, estos archivos, crean una auto-imagen fuerte: «Soy una persona sana.», «Yo puedo.», «Yo confío en mí.».

«Los archivos que contienen la carga negativa son el resultado de creencias y decisiones desde las cuales nace una auto-imagen débil para nosotros mismos y para los demás: «Nadie me ama», «No puedo decir mi verdad», «No puedo confiar en nadie». «Soy un/a fracasado/a».


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viernes, 3 de febrero de 2023

Exponiendo el sistema de creencias (redes neuronales)


La ciencia moderna compara el cerebro humano con un extraordinario centro de comandos que procesa datos e instrucciones recibidas desde diversas localizaciones del organismo.

En nuestro cerebro se alojan miles de millones de células llamadas neuronas; se dice que en el sistema nervioso hay tantas neuronas como estrellas hay en nuestra galaxia.

Esas neuronas se unen formando las cadenas neuronales y todas las cadenas neuronales integran la red neuronal.

La red neuronal es activada por impulsos eléctrico-químicos generados en el cerebro.

Esta información que fluye de una punta a la otra del sistema nervioso recibe el nombre de info-energía. Viaja de una célula a la otra a una altísima velocidad.

La info-energía está constituida, entre otros elementos, por los neurotransmisores.

Los investigadores dicen que los neurotransmisores actúan como mensajeros eléctrico-químicos que las neuronas “usan” para comunicarse unas con otras.

Un simple pensamiento puede disparar enormes cantidades de neurotransmisores.

Cuando una neurona envía sus neurotransmisores a las otras neuronas con las que está conectada, se genera una experiencia interna en forma de sensaciones y emociones, y la relación entre esas neuronas crea lo que llamamos cadena neuronal.

Cuando surge un pensamiento, la red neuronal se activa y experimentamos una emoción o sensación interna.

Pero, si el mismo estímulo es enviado una y otra vez con la misma calidad de info-energía, las neuronas desarrollan una relación muy cercana e íntima que se intensifica con el tiempo.

Las dendritas y el axón, que son como brazos que poseen las neuronas, se extienden tratando de conectar más y más neuronas vecinas, de modo que la cadena neuronal se fortalece.

Todas las adicciones y compulsiones conocidas se ajustan a este patrón neuroenergético y la repetición de estos patrones genera en nosotros una resonancia electromagnética.

Una resonancia es un patrón inconsciente que manifiesta externamente la misma realidad con la que está resonando internamente.

Cuando diariamente se usan los mismos patrones de pensamiento, esas relaciones internas son reforzadas, y así se reproducen las mismas reacciones emocionales una y otra vez.

Como consecuencia, atraemos externamente las frecuencias con las que resonamos internamente.

A través de la repetición de los mismos patrones se construye una auto-imagen, en respuesta a heridas emocionales o físicas sufridas en el pasado. Debemos darnos cuenta de que es simplemente una imagen; no es real, nunca fue real y nunca lo será.

Ego, falsa personalidad, falso yo o máscara son otras denominaciones que se usan para definir el mismo concepto.

Esta auto-imagen está compuesta por numerosas creencias que nos controlan y que nosotros confundimos con la realidad.

Todas estas suposiciones inconscientes o decisiones internas nos condicionan a actuar o mostrarnos de una cierta forma que ya no es genuina o auténtica.

Creamos una autoimagen para adaptarnos a nuestras circunstancias, tratando de ser incluidos y aceptados por la gente con la que tenemos que tratar.

Cuanto más creemos en una suposición inconsciente, más activamos la autoimagen o personaje falso. Nos volvemos esa creencia. Cuanto más vivimos nuestras vidas desde un lugar falso, menos real y auténtica es la vida que tenemos.

Cuanto menos reales somos, más contracciones se producirán en nuestro sistema, porque hemos sido diseñados para ser auténticos y reales. Cuantas más contracciones se producen en nosotros, experimentaremos más sufrimiento y menos alegría y paz en nuestras vidas.

Por ejemplo, cuando creo en la suposición inconsciente de que no valgo nada y de que nadie me quiere, me siento triste y solo, y tengo miedo. Cuando me siento así, puedo sentirme nervioso e inseguro.

Cuando me siento de esta manera, puedo decirles a los demás “Sí”, cuando quiero decir “No”, tratando de caerles bien.

Cuando hago eso, puedo sentir rencor hacia los demás o hacia mí mismo por hacer lo que no quiero hacer. Entonces puedo sentir odio y resentimiento, convencido de que tengo que atacar, defenderme y protegerme.

Entonces, nadie me quiere, ¡ni siquiera yo! Me juzgo y me critico y siento que no valgo nada, y el círculo sigue y sigue.

Si venimos del viaje al cuerpo del dolor, podemos explorar las creencias inconscientes que crean las contracciones.

Y, si venimos de una investigación más mental, podemos vislumbrar el dolor que se genera como resultado de creer en una suposición inconsciente.



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jueves, 19 de enero de 2023

El trabajo terapéutico

 

Uno de los pilares de todo trabajo terapéutico reside en desentrañar las emociones ocultas que se hallan en nuestro inconsciente. El proceso está dirigido a buscar qué situación hemos vivido de manera traumática o conflictiva y está produciendo desarmonía en nuestra vida. Lo importante es encontrar esas emociones ocultas y poder revivirlas, sentirlas y expresarlas plenamente, con absoluta legitimidad, de esta forma se hacen conscientes y son procesadas con responsabilidad. Se trata de permitirnos sentir esa emoción, permitir el resentir, pero esta vez de una forma madura y consciente.

En el camino de la conciencia, muchas veces nos preguntamos cómo siendo la vida “ahora”, puede tener tanta relevancia el hecho de revivir nuestro pasado, ¿para qué habría que revivir un pasado que ya no existe? El caso es que sí existe. El pasado no resuelto existe en nuestro presente. Existe en nuestra conducta, en nuestras pautas, en nuestro carácter, en nuestras formas de ser, en todo nuestro condicionamiento. La siembra del pasado determina lo que recojo en el presente y lo que proyecto en el futuro.

Parece, pues, que pasado, presente y futuro están profundamente imbricados, tanto, como para poder llegar a afirmar que, en realidad, el tiempo no existe. De hecho, para el inconsciente el tiempo no existe, el inconsciente es atemporal. El tiempo es una operación mental para clasificar y compartimentalizar la realidad; el tiempo es mente.

En el mundo espiritual, no hay divisiones entre pasado, presente y futuro, ya que todos se contraen en un solo momento, el presente, donde la vida se agita y estremece en su sentido verdadero… El pasado y el futuro, ambos se enrolan en este momento presente de iluminación, y este momento no es algo que se presente de manera estática con todos sus contextos, ya que está en continuo movimiento. D.T. Suzuki

En este caso, Suzuki nos habla desde el mundo espiritual, pero nos encontramos las mismas conclusiones en el mundo cuántico: el presente contiene todos los registros del pasado y todo el potencial del futuro. Todo es Ahora. Por lo tanto, no es sorprendente que podamos sanar nuestro pasado experimentándolo en el presente.

El principio holográfico -un principio igualmente compartido tanto por la tradición perenne como por la ciencia de vanguardia-, revela a su vez que el Todo contiene a la parte y la parte contiene al Todo. Cada átomo es holográfico, cada neurona es holográfica, cada sistema de la naturaleza es una holografía de lo universal.

En cada una de nuestras células se encuentra potencialmente todo el espacio-tiempo y el Gran Océano de Energía e Información que se abre más allá. Lo que esto viene a decir es que toda la información siempre está aquí, presente. Desde una mirada cuántica se diría que la información se encuentra en estado de “ondas”, y cuando se da la interferencia se manifiesta la “partícula”.

Cuando recuerdo (clic) hay un colapso en la onda de información; se colapsa la onda y yo recuerdo. Entonces lo inconsciente se hace consciente. Lo que determina esta interferencia, este colapso, es la observación, allí donde es llevada la atención.

Entonces, si Todo es Ahora, ¿cuáles son los filtros que nos impiden acceder a toda la información?

Los juicios. Se nos permite ver la información cuando no juzgamos o valoramos, cuando observamos y escuchamos, verdaderamente.

La meditación parece ser el camino real hacia el inconsciente C.G.Jung

Una terapia profunda complementa los recursos psicoterapéuticos con la vía meditativa. El trabajo terapéutico es, fundamentalmente, de toma de conciencia. En una terapia profunda se tienen acceso a muchos recursos para viajar al inconsciente y liberar contenido reprimido, siempre desde la base de la consciencia. Desde aquí, la forma de interaccionar con el inconsciente es muy ecléctica.

Lo que se busca en una terapia profunda es desenterrar las viejas heridas aun vivas, los programas del inconsciente que están causando conflicto, incoherencia y desarmonía, bloqueando e interfiriendo de ese modo en el proceso de apertura a la conciencia y a la vida. Lo que se busca es alumbrar y liberar todo esto en la consciencia, y asumirlo en el corazón. En definitiva, integrar la sombra en el corazón.

Como es natural, a medida que nos adentramos en este viaje al inconsciente descubrimos la más vasta e insondable de las profundidades. Como si fuéramos atravesando estratos nos encontramos con lo biográfico (experiencias de nuestra biografía), con el “proyecto sentido” (lo que se imprime en torno a nuestra concepción y nacimiento), el inconsciente familiar (el transgeneracional), el cultural, el ancestral, todo lo incluido en el inconsciente colectivo, el inconsciente biológico, y más allá…

A. Consuegra

lunes, 24 de octubre de 2022

PBR - Liberación del cuerpo del dolor.

 

El cuerpo de dolor esta conformado por carga emocional negativa: muchos patrones de comportamiento diarios, provienen de la información decodificada y almacenada en las células, algunos de ellos, son información de alguna experiencia traumática y colaboran a la disfunción del organismo, ya que su carga vital, queda atrapada en el “cuerpo de dolor” y es la responsable del cansancio, enfermedades, maneras de funcionar disfuncionales, creencias negativas, perdida de autenticidad y libertad interior… que produce una incomodidad interior que, a veces, cuando es muy pesada la carga, hace que la persona sienta imposible soportarse a si misma-

La vergüenza, la culpa y el miedo, son las emociones que mas contraen y mas daño nos hacen, perdiendo fuerza vital y haciéndonos sentir como que no somos lo suficientemente buenos.

Cuando el cuerpo del dolor ya ha tomado el control del sistema cuerpo-mente, se producen todo tipo de desequilibrios y disturbios físicos o psicológicos, tales como: fatiga, cansancio, enfermedades y dolores diversos, adicciones y compulsiones, confusión, miedo, ansiedad, irritabilidad y enojo, depresión, problemas de aprendizaje, alienación, falta de decisión –o el hábito de postergar–, falta de un propósito en la vida o, simplemente, la sensación de estar aburrido y abrumado.

Todo esto produce un vacío interior y la sensación de estar separado y de autocritica, que al no ser consciente es lo que nos lleva a querer llenarnos de… buscar afuera cosas para sentirnos completos, sustancias comida, dulces, alcohol, tabaco, drogas); posesiones, dinero, éxito personal, poder, sexo, reconocimiento, o con una relación íntima idealizada.


El cuerpo de dolor:

Las células de nuestro cuerpo que guardan el dolor o trauma –físico o emocional– del pasado funcionan bajo un patrón de supervivencia que solo es real para la persona que cree en él.

Cuando hay un trauma irresuelto, éste causa estancamiento en algún lugar del campo energético e impide el flujo natural de la energía, esto a menudo se manifiesta en el órgano, la articulación o el músculo asociado con el trauma.

Esta energía estancada, divide al campo electromagnético en compartimentos estancos, separados unos de otros, sin posible comunicación, esto nos afecta mas de lo que pensamos pues, nos quedamos estancados en el trauma (ya sea físico, mental o emocional) nos da la sensación de que la vida es insoportable y no aceptamos lo que está pasando en el presente, al dolor le agregamos un sufrimiento psicológico por lo que nos decimos acerca de lo ocurrido, una y otra vez (diálogo interno)…postergando la verdadera solución al problema, por miedo a entrar de lleno en el dolor, a veces también negamos lo ocurrido, convenciéndonos que “no pasa nada”, pero la carga sigue en el sistema y nos afecta en otras áreas de la vida, pudiendo llegar a una disfunción importante en el cuerpo/mente. Esto hace que la carga emocional positiva disminuya considerablemente..

El cuerpo del dolor es todo lo que en nosotros se siente incómodo o doloroso física, mental o emocionalmente.

Si un estímulo pequeño (un comentario, una mirada, una memoria del pasado) provoca en nosotros una reacción exagerada, es señal de que el cuerpo del dolor se ha activado. Algo «pulsa tus teclas» y te conduce a un lugar de pánico, rabia o profunda e inexplicable tristeza.

La buena noticia, es que hay técnicas que nos permiten liberar la fuerza vital estancada, y al hacerlo, la energía positiva se favorece el crecimiento y la autocuración.

La transformación de las contracciones energéticas que llamamos «dolor» requiere atención y presencia (o sea observar sin juicios, sin razonamientos, sin resistencias…). Cuando prestamos atención a aquello que sentimos incómodo o doloroso, podemos volvernos más conscientes de las sensaciones y los sentimientos, así como de los patrones de pensamiento y las creencias que lo alimentan. Entonces podremos empezar a desbaratarlo. La transformación de esas contracciones puede producirse en un solo instante ( aunque crear el cuerpo de dolor nos haya llevado toda una vida)..

Se suele vivir en un estado de ensueño, escapando del ahora, cuando experimentamos dolor físico o emocional y dirigimos nuestra atención hacia la zona de nuestro cuerpo que se activa, volvemos a conectar con el momento presente. El dolor nos ayuda a volver a la vida, que ocurre, siempre, ahora, en este preciso instante.

El dolor físico, la tristeza, el enojo, el temor, son oportunidades de sanarnos y poder acceder a nuestro potencial verdadero, dándonos la posibilidad de despertar a un profundo sentido de ser interno.

Para transformar el dolor necesitamos sentir en el momento, la incomodidad presente en nosotros, para ello hemos de sumergirnos en ella, en lugar de luchar para alejarla. Meternos en el centro de la incomodidad con toda nuestra presencia y toda nuestra atención, sin analizar o interpretar de dónde viene, por qué viene o cuál es la razón de su existencia. Esa es esencia de la técnica PBR-Liberación del cuerpo del dolor.

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domingo, 23 de octubre de 2022

Trabajo interior: ¿Cómo hacer el cambio interno? (M. Brown)


En el mundo en que vivimos actualmente, si no estamos satisfechos con la calidad de nuestra experiencia, lo más probable es que intentemos hacer cambios en nuestra vida operando sobre las circunstancias físicas externas. Esto se debe a que el aspecto físico externo de nuestra experiencia es el más tangible y el de más fácil acceso. 

Sin embargo, aunque podamos hacer un cambio relativamente rápido en nuestras circunstancias físicas, estos cambios no perduran, debido a que los aspectos físicos de nuestras circunstancias son siempre efectos, y no causas.

 Por otra parte, el cambio es una constante en la naturaleza de nuestra experiencia física, de manera que cualquier cosa que cambiemos físicamente volverá a cambiar de nuevo, inevitablemente, con el transcurso del tiempo. 

Podemos utilizar la fuerza para cambiar algo rápidamente en nuestro mundo físico, pero esto significa que tendremos que invertir una gran cantidad de energía para mantener el cambio en esas condiciones. Por tanto, para hacer cambios físicos y mantenerlos, con la intención de alterar la calidad de nuestra experiencia vital, vamos a tener que controlar y sedar nuestras circunstancias. Tales cambios requieren de la aplicación constante de energía para que el cambio se mantenga. Y ésta es una tarea imposible.

También podemos intentar cambiar la calidad de nuestra experiencia vital mentalmente, cambiando nuestros pensamientos acerca de las cosas. Los cursos de pensamiento positivo aspiran a lograr este objetivo. 
El cambiar el enfoque mental acerca de algo llevará con el tiempo a un ajuste en la calidad de la experiencia vital que estamos teniendo. Sin embargo, nos llevará más tiempo ver los efectos que los cambios mentales producen en el mundo físico que lo que precisaríamos desde un enfoque puramente físico. 
Los cambios dirigidos desde la mente perduran algo más, siempre y cuando no cambiemos de nuevo nuestros pensamientos. Pero nuestra capacidad para cambiar la calidad de nuestra experiencia vital a través de cambios mentales tiene un alcance y una duración ciertamente inconsistentes, porque este enfoque tiene que defender sus logros constantemente ante la naturaleza y los contenidos de nuestros procesos de pensamiento inconscientes.

En realidad, sólo sabemos lo que pasa con nuestros procesos de pensamiento inconscientes cuando observamos las circunstancias que manifestamos en nuestro campo de experiencia que resultan contradictorias con nuestros intentos de «pensar en positivo». 
El mero hecho de que cambiemos conscientemente nuestra manera de pensar acerca de las circunstancias no significa que vayamos automáticamente a sentirlas de otra manera. Por tanto, aun cuando un cambio consciente de nuestros pensamientos consiga eventualmente los ajustes necesarios en nuestras circunstancias físicas, hasta el punto de que realmente lleguemos a sentir de un modo diferente, por mucho control mental que apliquemos no vamos a poder alcanzar una sensación auténtica de paz.


Los sentimientos inconscientes, y los procesos de pensamiento inconscientes que aquéllos alimentan, seguirán alterando nuestra paz mental.

Una experiencia de paz no es simplemente el resultado de un pensamiento positivo, a menos que vaya subrayado por un sentimiento. Los procesos de sentimiento y de pensamiento deben armonizarse estrechamente para que podamos alcanzar el estado del ser que pretendemos. 
Así pues, al igual que en los intentos por hacer cambios puramente físicos, la realización de cambios puramente mentales para ajustar la calidad de nuestras experiencias no deja de ser otra cosa que jugar con los efectos, y sigue sin dirigirse a las causas.

Afortunadamente, también disponemos de la opción de ir directamente a las raíces de nuestro malestar y de hacer ajustes causales, siempre y cuando realicemos cambios en el estado de nuestro cuerpo emocional. 
Éste es el enfoque más complicado, pero es el único verdaderamente efectivo y gratificante. Aunque es complicado hacer cambios en el estado de nuestro cuerpo emocional, tenemos que acercarnos a él de forma suave y regular; y, para ello, vamos a necesitar grandes dosis de compromiso y perseverancia.

Es como talar un enorme árbol. Tenemos que ir dando golpes con el hacha, uno tras otro, y habrá veces que el trabajo se nos antojará interminable. Puede dar la impresión de que no estamos consiguiendo nada. Pero luego, sin advertencia previa, oímos un crujido y, pocos segundos después, el árbol cae. Y, una vez está cayendo, ya no hay nada que lo detenga. Una vez está en el suelo, no lo podemos volver a poner en pie.

El ajuste del estado de nuestro cuerpo emocional funciona igual. Trabajamos con él de forma regular y, en ocasiones, da la impresión de que tanto trabajo no nos lleva a ninguna parte. Pero, de pronto, hay un cambio repentino y, cuando esto ocurre, ya no hay nada que lo detenga. 
Cuando este cambio interior ha tenido lugar, es literalmente imposible devolver el cuerpo emocional a su estado previo. Debido a la tendencia que tiene el cuerpo emocional a realizar cambios súbitos, la experiencia de cambio es potencialmente traumática, si no se realiza de forma consciente, suave y responsable. De ahí que no se recomiende zambullirse directamente en el cuerpo emocional para activar los cambios. Aquí, las palabras clave son suavidad., paciencia responsabilidad.

Los cambios en el cuerpo emocional, cuando se abordan responsablemente, se convierten en experiencias maravillosas, dado que llevan a un cambio inmediato en las percepciones; literalmente, vemos el mundo de otra manera a partir del momento en que se produce el cambio. 
Las consecuencias de este ajuste emocional se filtran posteriormente poco a poco, y se manifiestan en la calidad de nuestra experiencia mental y física. Y, cuando se da el cambio, es duradero, y no precisa de esfuerzos para mantenerlo. 
El ajuste del estado de nuestro cuerpo emocional nos abre la puerta a un nuevo mundo de experiencias sin tener que ir a ninguna parte. 
Es un proceso integrador.

Te acompaño en el proceso...


                                    Juana Ma. Martínez Camacho

                                        Terapeuta Transpersonal
                                     Terapeuta   Acompañante en Bioneuroemoción
                                       Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
                                      Anatheóresis (Psicoterapia Regresiva Perceptiva)
                                     Formación Internacional  en Psiconeuroinmunoendocrinología
              
                               www.centroelim.org               Telf.  653-936-074



jueves, 18 de noviembre de 2021

Cómo transformar el cuerpo de dolor


 – Reconociendo:

Observa la conversación interna. Cuando los pensamientos sobrevengan, permítelos y reconoce los sentimientos que generan. “Estoy asustado”, “Estoy enojado”, “Estoy triste”, “Estoy excitado”, “Estoy entusiasmado”, “Me siento atraído”, “Estoy confundido”, etc.
Date cuenta que cuando una emoción está activa, también hay un diálogo interno que pretende justificar y dar razón o sentido a la emoción. Procura quedarte con la sensación sin perderte en el diálogo interno.


– Localizando:

Ahora, enlaza con tu cuerpo ¿Dónde lo siento? Notando en qué parte del cuerpo está exactamente la sensación.
Estamos acostumbrados a estar desconectados de nuestro cuerpo. Cuando permitimos que el cuerpo sea parte de lo que está sucediendo, entramos a otro nivel de consciencia y el cuerpo nos contará lo que necesitamos. La energía estancada está en el cuerpo y desde allí será liberada.


–Permitiendo:

Ahora que escuchas tu cuerpo, déjalo que haga lo que necesita: moviéndolo, sacudiéndolo, estirándolo, emitiendo sonidos…
Al conectar con el cuerpo, el nos dirá lo que necesita y simplemente se lo permitimos sin juzgar, ni criticar. Por ejemplo, el cuerpo necesita gritar y la mente puede resistirse justificándose en que será vergonzoso o incomodará a otros. Permitirlo significa contribuir a satisfacer la necesidad del cuerpo, a pesar de reconocer lo que la mente nos diga. Si necesita gritar puedes imaginar que gritas y te zambulles en esa sensación.


– Intensificando:

Amplificando al máximo lo que siento.
La manera de traspasar la contracción es experimentándola en todo su potencial, a pesar de los temores que genere. Estamos hechos de una gran inteligencia, de manera que, se trata de confiar y zambullirnos totalmente en la contracción.


–Respirando:

Pasado el proceso de reconocer, permitir, localizar e intensificar, la respiración nos llena de vida y equilibrio promoviendo la conexión entre todas las células del cuerpo y por lo tanto la integración de la energía liberada.

Después, procúrate un tiempo a solas para integrar la experiencia que has tenido. Tal vez, recostarte por un rato y luego escribir en tu agenda.

Toma agua.

Luis Diaz