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martes, 16 de febrero de 2016

El dolor puede ser nuestro guía y maestro.(Luis Diaz)




Algo de lo más profundo de nosotros puede abrirse paso y brillar a través de las experiencias de dolor. El dolor puede ser nuestro aliado, nuestro guía y maestro y, cuando es experimentado de manera consciente es, paradójicamente, el portal que da a la liberación del sufrimiento.

El dolor que es vivido conscientemente nos conduce a un lugar que sentimos como «de vuelta a casa». La mayor parte de la humanidad vive en un estado de sufrimiento inconsciente, y la  mayor parte de este dolor es artificial. Sabios y maestros espirituales de todos los tiempos han identificado ese estado como «ensueño», «fantasía» o «imaginación». En el hinduismo, por ejemplo, se dio el nombre de «maya» a esa «obra de teatro» creada por la divinidad que es el mundo, sólo una etapa del juego divino.

Pero más allá del nombre que le demos, es un estado del ser desde donde hacemos lo imposible para ser diferentes de lo que somos en realidad. Así vivimos nuestras vidas, profundamente identificados con lo que no es verdad, como presas de un trance hipnótico o un conjuro. Y lo mas interesante es que es posible que permanezcamos en ese estado hasta el final de nuestra vida. De hecho la mayoría de la humanidad así lo hace.

La transformación de las contracciones energéticas que llamamos «dolor» requiere atención y presencia. Cuando prestamos atención a aquello que sentimos incómodo o doloroso,  podemos volvernos más conscientes de las sensaciones y los sentimientos, así como de los patrones de pensamiento y las creencias que lo alimentan. Entonces podremos empezar a desmadejarlo.


Este proceso es extraordinariamente simple, aunque al principio puede resultarnos dificultoso, en parte por falta de ejercitación y, sobre todo, por toda una vida de entrenamiento en juzgar, resistir y luchar con lo incomodo o doloroso.

La creación  del cuerpo del dolor pudo habernos llevado toda la vida, pero la transformación de esas contracciones puede producirse en un solo instante. Para mi la liberación del cuerpo de luz se comporta como un incendio forestal irrefrenable, y el estado de presencia es como un viento que esparce y alimenta ese incendio. Cuanto más presentes estamos, más poder cobra el fuego transformador. A su paso, se consumen extensas áreas de mentira y de miedo, de vergüenza y auto-condena, para dar lugar a lo que ha estado allí desde siempre, esperando ser experimentado y reconocido, y a lo que llamamos nuestro ser verdadero.

El breve intervalo que media entre el nacimiento y la muerte –apenas, la vida– puede ser transitado casi por completo en el estado de ensueño y fantasía que crea la mente. Lo cierto es que un mundo maravilloso cambia a cada instante a nuestro alrededor, aun cuando estemos distraídos repasando el pasado o tratando de predecir el futuro.
Sin embargo, como la nave a la deriva se beneficia de la luz del faro, podemos experimentar en nuestro cuerpo sensaciones muy intensas que nos sacuden temporalmente del sueño en el que estamos sumergidos y nos llevan al encuentro del poderoso “ahora”.

Cuando experimentamos dolor físico o emocional y dirigimos nuestra atención hacia la zona de nuestro cuerpo que se activa, nos «traemos» a nosotros mismos al momento presente. Es así como el dolor nos devuelve a la vida, que ocurre, siempre, ahora, en este preciso instante.




Ejercicio

Tómate un momento para apreciar la diferencia entre el estado de ensueño y el estar aquí y ahora. Respira profundo. Siente tu cuerpo… ¿Cómo lo sientes? ¿Qué sensaciones experimentas y dónde? ¿En qué lugar de tu cuerpo hay relajación y en qué lugar, tensión? (Si experimentas calma, siente si es calma real o si es adormecimiento.) Siente tu respiración.
-Ahora, mientras parte de tu atención está puesta en las sensaciones de tu cuerpo –el espacio interno– pasa a reconocer poco a poco el espacio exterior.
-¿Qué está pasando exactamente ahora dentro de tu cuerpo y fuera de él?
Captura estas percepciones, mira por un momento y siente. Respira.
-Éste es el comienzo del estado de presencia.



Consultas  Presenciales  y  por  Skype.

Juana Ma. Martínez Camacho

 Terapeuta Transpersonal
 Especialista en Bioneuroemoción

 Facilitadora Internacional de CMR (Liberación de la Memoria Celular)


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