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martes, 1 de diciembre de 2015

La autocondena, el sufrimiento



Los sentimientos de desvalorización, confusión y falta de propósito son esperables en un chico que está siendo juzgado y condenado diariamente.   Para contrarrestar los efectos de esta programación, muchos de nosotros hemos creado una máscara de poder, eficiencia y sonrisas felices, y tratamos interminablemente de empujarnos, a nosotros mismos y a los demás, a creer que valemos cuando cumplimos aquello que se nos dijo que debíamos cumplir.

Esta programación detona en nosotros una resonancia de insatisfacción crónica, en la que siempre necesitamos que algo o alguien nos completen.
 Creemos que, si tenemos más dinero, un cuerpo diferente, un trabajo mejor, una relación de pareja mejor, una casa mejor o algo más, entonces nuestras vidas estarán completas.
Inconscientemente buscamos sin parar el éxito y la riqueza y a esa alma gemela que nunca llega. En resumidas cuentas, el mensaje es: “Soy defectuoso, lo que soy no es suficiente y algo falta en mi vida”.
 
El resultado es un profundo estado de vacío y desconexión de la vida, con una mezcla de miedo, ansiedad y frustración. Este estado incluso tiene un nombre aceptado en nuestra cultura: se llama estrés.
Una vez que aprendemos a autocondenarnos, vivimos en estrés.   Además, ahora somos parte de un antiguo ritual de nuestra cultura que consiste en buscar siempre lo que falta en nuestras vidas y desestimar lo que tenemos. Cada vez que elegimos tomar parte de este ritual, cambiamos el poder de la vida abundante por aquello que deberíamos o podríamos tener si las cosas hubieran sido diferentes. Esto crea un profundo estado de autotortura.

  Cada vez que juzgamos negativamente cualquier aspecto de nosotros mismos –nuestras cualidades mentales, nuestras actitudes emocionales o nuestra apariencia física– inmediatamente todo el sistema cuerpo-mente (que es esencialmente carga emocional positiva) se pone en estado de alerta”, porque le estamos diciendo que hay algo errado o equivocado.   Simultáneamente, todo el sistema empieza a buscar en su banco de datos –la memoria celular– algo del pasado que sintonice con el error del que acaban de hacerlo responsable. Estos defectos pueden ser recuerdos de esta vida o información genética antigua, que a veces se remonta a incontables generaciones.
  Cuando, a través de este barrido”, se encuentra esa información, ésta es “resucitada”, “revivida”, y trda al presente como evidencia de que es cierto que hay algo errado en mí”.


  La curación es un proceso natural automático, así que, cuando se da una cierta vibración, se espera el apoyo del resto del sistema, especialmente de la mente racional, puesto que es ella la que habitualmente toma las decisiones.
 Sin embargo, en nuestra civilización, la mente no está preparada para tratar con memorias celulares o ancestrales, porque su programación no tiene información al respecto.

En ntesis, cada vez que te dices que hay algo equivocado en ti, estás creando la posibilidad de que la enfermedad o la infelicidad sean resucitadas” de los archivos atávicos.

 Este auto-juicio negativo es un lento suicidio, como afirma claramente Lynn Grabhorn en su libro Excuse Me, Your Life is Waiting (Disculpe, su vida lo está aguardando):

  La autocondenación, cualquiera que sea su forma, es un lugar cómodo para estar cuando no queremos tomar ninguna responsabilidad sobre nuestra vida. Podemos meditar, cantar, utilizar cristales e incienso, hacer ejercicios especiales, utilizar afirmaciones que proclaman nuestra eterna divinidad; sin embargo, mientras nos juzguemos a nosotros mismos, el poder interno y la liberación serán nada más que palabras. No hay ninguna manifestación o deseo que se pueda llegar a cumplir mientras estés en estado de desaprobación de ti mismo. Ninguna abundancia, bienestar interno ni buena salud, y muy poca alegría podrás esperar”.


Sanación- transformación

El dolor puede ser nuestro guía y maestro. A través de las experiencias de dolor, algo de lo más profundo de nosotros puede abrirse paso hasta nuestra conciencia y brillar. El dolor puede ser nuestro aliado, nuestro guía y maestro.
Cuando es experimentado de manera consciente es, paradójicamente, el portal que da a la liberación del sufrimiento.
El dolor que es vivido conscientemente nos conduce a un lugar que es como nuestro hogar, como si estuviéramos “de vuelta en casa”. La mayor parte de la humanidad vive en un estado de sufrimiento inconsciente que en su mayor parte es artificial.



Sabios y maestros espirituales de todos los tiempos han dicho que este estado es como un ensueño, una fantasía o un producto de la imaginación. En el hinduismo, por ejemplo, se dio el nombre de maya a esa “obra de teatro”, creada por los dioses, que es el mundo, sólo el escenario de un juego divino.
Pero, más allá del nombre que le demos, es un estado del ser desde donde hacemos lo imposible para ser diferentes de lo que somos en realidad.

Así vivimos nuestras vidas, profundamente identificados con lo que no es verdad, como presas de un trance hiptico o un conjuro. Y es posible que permanezcamos en ese estado hasta el final de nuestra vida. De hecho, la mayoría de la humanidad así lo hace.

Ejercicio

  Tómate un momento para apreciar la diferencia entre el estado de ensueño y el estar aquí y ahora.

Respira profundo. Siente tu cuerpo… ¿Cómo lo sientes?
¿Qué sensaciones experimentas y dónde?
¿En qué lugar de tu cuerpo hay relajación, y en qué lugar, tensión?
(Si experimentas calma, siente si es calma real o si es adormecimiento.) Siente tu respiración.

* Ahora, mientras parte de tu atención está puesta en las sensaciones de tu cuerpo –tu espacio interno– empieza a reconocer poco a poco el espacio exterior.

* ¿Qué está pasando exactamente ahora dentro de tu cuerpo y fuera de él? Captura estas percepciones, obsérvalas por un momento y siéntelas. Respira.

Éste es el comienzo del estado de presencia.


Transformar el dolor

Cuando uno empieza a saber cómo transformar el dolor, lo que era un estorboempieza a convertirse en un regalo. El dolor físico, la tristeza, el enojo y el temor se transforman en oportunidades de sanarnos y acceder a nuestrpotencial verdadero. Esto nos da la posibilidad de despertar a un concepto más profundo de nuestro ser interno, el cual, paradójicamente quizás, necesitaba no estar del todo sano o no ser feliz para emerger con toda su elocuencia.

Para transformar el dolor necesitamos sentir en el momento la incomodidad presente en nosotros. Eso se consigue sumergiéndose en ella, en lugar de luchar para alejarla.
Tenemos que zambullirnos hacia el centro de la incomodidad con toda nuestra presencia y toda nuestra atención. Ir hacia lo más profundo de la incomodidad sin analizar o interpretar de dónde viene, por qviene o cuál es la razón de su existencia. Es sintiéndola y atravesándola como podemos sanar...
   Memoria de las Celulas- Luis Diaz


Te acompaño…..consultas Presenciales y por Skype
                        

Juana Ma. Martínez Camacho

Terapeuta Transpersonal
(Escuela Española de Desarrollo Transpersonal)
Especialista en Bioneuroemoción
(Instituto Español de Bioneuroemoción)
Facilitadora Internacional CMR (Liberación de la Memoria Celular)
(Cellular Memory Release)

www.centroelim.org

Telf. 653-936-074


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